Nadal recurre al oficio

Javier Méndez desde la ciudad de Nueva York

Las luces de colores, los flashes y aplausos que acompañaron la entrada triunfal a la majestuosa Arthur Ashe quedaron en un segundo plano prácticamente desde el primer intercambio del partido. No era un día para la púrpura, la magia y los halagos. Rafael Nadal tuvo que recurrir al oficio de No. 1 del mundo para salvar un desafío llamado Taro Daniel, que sin complejos saltó a la pista más grande del mundo para discutir cara a cara con el español la plaza en juego para la tercera ronda del US Open. El balear se repuso a un eléctrico inicio del nipón para acabar firmando la victoria por 4-6, 6-3, 6-2, 6-2.

Detrás de un aspecto desaliñado y desenfadado, que prácticamente parecía pedir perdón con una tímida sonrisa cuando el público jaleaba una volea milimétrica en el segundo juego del partido, escondía una muñeca con descaro dispuesta a poner contra las cuerdas al principal favorito en Nueva York. Mientras el No. 121 del mundo trazaba un tenis soñado, con golpes profundos, aguantando el pulso al español desde el fondo de la pista, Nadal carecía de veneno, sus tiros no hacían el suficiente daño y la capacidad para generar golpes ganadores era prácticamente nula. Sobre todo desde el lado del revés.

“No tenía la sensación de jugar contra un un rival, a priori, de mi nivel porque jugaba cómodo desde el fondo. Creo que en el tercero y el cuarto set se ha empezado a sentir más agobiado y eso es lo que marca la diferencia al final, el que es capaz de jugar a una intensidad más alta cometiendo pocos errores”, radiografió Nadal sobre un encuentro en el que fue de menos a más.

En ese contexto, la agresividad del japonés obtuvo premio. Además de la capacidad para defenderse en situaciones límites –protegió tres opciones de break que concedió en el primer set– siempre valiente encontró una brecha en la cara b de la raqueta del manacorense para firmar el primer break del encuentro (5-4). A pesar de dejar escapar dos puntos de set con su servicio (doble falta y no forzado con la derecha), a la tercera cerró la primera manga.

Nadal tuvo que recurrir a un intangible que jamás discute: el oficio. Más allá de los galones inscritos en sus zapatillas, que recuerdan sus títulos en 2010 y 2013 en Flushing Meadows, el español tuvo que remar como nunca. Celebró cada punto como si el trofeo estuviese en juego. Se agarró a la pista, cuando más lo necesitaba y veía que su rival empezaba a tomar velocidad de crucero 6-4, 2-1 y saque. Habían pasado casi noventa minutos de juego impecable de su rival.

“El partido cambió en el momento en el que empecé a hacer más daño. El drive ha empezado a funcionar más, la pelota iba más rápida y jugué un poco más dentro. Si uno está un poco más nervioso es más complicado jugar dentro de la pista”, señaló el español que acabó encontrando la aguja para pinchar la burbuja del japonés. Poco a poco fue minando la confianza de Daniel, aumentando la bolsa de ganadores y, lo más importante, minimizando la de los errores.

El campeón de 15 Grand Slam respondió de inmediato con su primer break y a partir de entonces impuso la lógica. Desató la cordura. Fue reescribiendo un argumento mucho más parecido al esperado antes del inicio de fiesta. Y un parcial en el segundo set de 5-1 hizo el resto. El puño al cielo estadounidense desató la furia. “Hay dos maneras de jugar mejor: una, es cometer pocos errores y jugar a una intensidad alta y, otra, es jugar con la pelota que haga mucho daño al rival. Creo que he hecho más esta última en los últimos dos sets. El drive ha empezado a funcionar un poco más”.

El japonés no le perdió la cara al partido, pero para entonces ya había perdido la chispa y la magia del inicio. Los golpes de fondo de Nadal abrieron brecha hasta tal punto que en la tercera manga apenas cometió 5 errores por los 24 que había acumulado en los primeros dos sets. Dos breaks más hicieron el resto. La historia ya estaba escrita. Nadal apagó cualquier intento de reacción en un día en el que tuvo que agarrase al oficio.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados