Nadal gana como puede

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Sin el brillo del estreno, con un juego gris como las nubes que anuncian tormenta minutos antes de descargar, Rafael Nadal se clasificó para los octavos de final de Indian Wells tras ganar 6-4 y 6-2 a Donald Young. El mallorquín, que empezó perdiendo (1-3) y cedió tres veces su saque (dos de ellas para devolver la ventaja que se había procurado, con 4-3 en la primera manga y con 1-0 en la segunda) se citó mañana con el francés Simon por los cuartos del primer Masters 1000 de la temporada después de un partido que abrochó jugando mal, de mácula en mácula (21 errores no forzados), y con malas sensaciones, lo opuesto al primer día frente a Sijsling. El triunfo, al que llegó sin control ni precisión, pero con la veteranía del que lleva más de 10 años en la élite, le permitió sumar puntos para su ránking (cayó en la tercera ronda de 2014 ante el ucraniano Dolgopolov), le ofreció la oportunidad de pelear por estar en la etapa final del torneo, y exteriorizó otra buena noticia: después de pasar buena parte del año pasado lesionado y volver con muchas dudas, Nadal consiguió ganar como pudo, sorteando su propio embrollo, y esquivó a un oponente (zurdo, un problema) que meses atrás le habría costado un buen disgusto y una jornada (con viento) para valientes.

Al principio, Young incendió el pulso. El estadounidense, al que un día compararon con John McEnroe, tiró una moneda al aire en el arranque buscando que saliese cara y cuando fue a recogerla del suelo al final de la tarde se encontró con una cruz. Ese plan, que le llevó a jugar al límite, se construyó sobre la agresividad y se derrumbó como consecuencia del desorden. Como tantos otros, el número 47 intentó anular a Nadal arrebatándole el ritmo. Olvídate de la iniciativa, que eso es cosa mía. No pienses en alargar este debate, que va a ser de respuestas cortas y no de reflexiones meditadas. Con esos transparentes fundamentos bien claros, Young fabricó un partido ágil y apresurado (63 puntos por debajo de los cinco golpes y solo ocho por encima de los nueve tiros) que nació como murió: entre los errores de ambos oponentes, desatinados y descoordinados.

El campeón de 14 grandes, que entregó su servicio tres veces con insólita comodidad (la primera estrellando en la malla un remate que podría haber metido con los ojos vendados, otra tras una doble falta que no llegó a tocar la red y la última después de romper el saque a Young en el juego inicial del segundo parcial), compitió a arreones, desatascó el encuentro desde la experiencia de haberlo visto casi todo en su carrera y coronó la victoria tras conseguir un huraño equilibrio, que solo encontró en la recta final del duelo. Los ocho ganadores que disparó en todo el partido, una pírrica estadística, expusieron lo mal que lo pasó el español: sufrió para sostener las brechas que abrió en el marcador, algo que lleva soportando desde su regreso al circuito en enero, no encontró continuidad en su juego, a tirones durante todo el duelo, y se disparó en errores, algunos sorprendentes. Supo, sin embargo, usar con inteligencia algunos de sus recursos (tiros cortados para enredar al estadounidense, por ejemplo) en la persecución del triunfo.

Young tuvo varios momentos de dudas que le frenaron en seco. El estadounidense, capaz de competir con una soltura inmaculada e inmediatamente después lanzar una bola fuera del estadio, buscó acabar el punto cada vez que tocó la pelota, como si los intercambios largos le provocasen un sarpullido, se lanzó a por las líneas envalentonado, declarando la guerra a golpetazos sin masticar la jugada, y se movió sin otro esquema que su impulso, atacando bolas que deberían haber sido mimadas y asaltando la red cuando la lógica señalaba el fondo de la pista como zona de batalla. Tal fue el desbarajuste, que el 47 mundial cambió de idea cuando ya perdía con anchura la segunda manga. Entonces, probó a abordar los peloteos sin la inclinación suicida del inicio, pensando dos veces antes de apretar el gatillo. Fue demasiado tarde porque Nadal ya había encontrado el camino.

Así, sin grandes puntos y con la huella de un mal encuentro, el campeón de 14 grandes jugará mañana por los cuartos de final contra Simon, que le exigirá todo lo contrario que Young. El francés, un tenista con piernas infinitas y pulmones inagotables, medirá qué Nadal juega en Indian Wells: el que abrumó en su debut a Sijsling o el que ganó sin acierto para superar la segunda ronda en el desierto.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados