Contra el ímpetu, Nadal

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Las butacas temblaron tanto que pareció un terremoto. Es la semifinal del torneo de Buenos Aires y Carlos Berlocq tiene cinco pelotas para ganar la primera manga en el tie-break (6-1) a Rafael Nadal después de jugar impecable, sin un solo borrón. Es imposible hacerlo mejor, debe pensar el argentino cuando escucha aullar a los aficionados, tanto gritan que parece por momentos una eliminatoria de Copa Davis en el ambiente más hostil posible. Es increíble este desenlace, debe reflexionar luego el número 74 del mundo, sentado en el banco después de que suceda lo imposible. Ocurre que el mallorquín salva todas esas bolas de set (¡cinco!) en una lección de garra (a la red en dos puntos) y veteranía (jugueteando con los nervios del aspirante), abrocha la primera manga y celebra la victoria (7-6 y 6-2) como un jugador de cuerpo entero, algo que no había pasado en Río de Janeiro, su anterior torneo sobre arcilla. Mañana, el español jugará en Argentina su primera final en nueve meses (Roland Garros 2014), todo un oasis para un competidor que después de 10 años en la élite pelea por un lugar privilegiado en la historia del deporte. En su lucha por la copa se medirá a Juan Monaco (6-3, 6-7 y 6-4 a Nicolás Almagro), su amigo de toda la vida. Que el número cuatro vuelva a llegar con vida a un domingo significa que ha subido un nuevo peldaño en la escalera que marca su recuperación. Que superase un día tan peligroso es la mejor señal de su mejoría.

“Evidentemente, cuando uno remonta un 1-6 hay que tener suerte”, reconoció Nadal sobre su reacción en el desempate. “Es imposible ganar cinco puntos seguidos sin tener suerte. Además, Carlos en un jugador con garra y corazón en la pista. Me siento afortunado por haber remontado ese 1-6″, siguió el mallorquín, de nuevo ovacionado por el público. “En el primer set, estaba jugando muy corto y dandole opciones a que atacase. En el segundo, he logrado competir de forma más agresiva, más dinámica. Así he encontrando más golpes ganadores que me han dado tranquilidad y confianza”, prosiguió. “Es una gran alegría estar en la final, la primera del año. Es una noticia positiva e importante para mí”.

Berlocq arrancó decidido a pegar con el alma cada pelota. El argentino, que había arrebatado un set a Nadal en su último encuentro (Sao Paulo 2013), le zurró a la bola sin medianías, asaltando los intercambios de embestida en embestida y apoyándose en cada golpe con el peso de su cuerpo para empujar hacia atrás a su rival. Que todo el mundo se aparte que viene el toro. El número 74 no se guardó ni un gota de energía: corrió revolucionado desde el primer minuto de la semifinal, atacó con una intensidad desbordante y con cada arranque de rabia taponó las vías de acceso del español al pulso. De Berlocq fueron las dos primeras opciones de rotura de la tarde (con 1-1), de Berlocq la capacidad para anular las cuatro siguientes del mallorquín (2-1, 30-40; 3-2, 0-40) y de Berlocq la valentía para salvar un punto de set (5-6 y 30-40). En consecuencia, el argentino llegó al desempate y lo devoró de un tirón hasta que se encontró un hueso en el último bocado. Del 6-1 que se procuró, con Nadal desarmado frente a una lluvia de disparos, pasó a un 6-6, el trampolín que el español necesitó para celebrar el parcial inaugural dejando a Berlocq congelado en mitad de ese infierno.

La bofetada tuvo el mismo efecto que una tirita en una quemadura. Rebosante de adrenalina, Berlocq rompió en blanco el saque de su oponente en el arranque de la segunda manga (2-0) y lo celebró a lo grande, buscando que la grada le acompañase. Sucede que la fuerza también se acaba, imposible soportar ese brío durante un partido completo sin pagar las consecuencias. El argentino perdió solidez, al igual que el globo pinchado en manos del viento. El número cuatro, que creció según avanzó el reloj, comenzó tirando corto y acabó de línea en línea, sin perder nunca el tono regular y escudado por un saque que por primera vez en mucho tiempo le sacó de varios apuros.

Pese a la estrechez del marcador, Nadal dio continuidad a su encuentro de cuartos frente a Delbonis, algo que seguro agradecerá en la final. El campeón de 14 grandes, que movió la bola con la facilidad que distingue a los mejores, pudo recriminarse poco porque Berlocq compitió inmaculadamente durante más de una hora. Dio igual que algunos de sus golpes fueran extraordinarios porque se enfrentó a un jugador bendecido que exigió cinco o más ganadores seguidos como precio de cada intercambio. No importó que su contrario tuviese el revés a una mano, históricamente una clarísima diana para su derecha combada. Nadal aguantó con soltura, remontó como en tardes pasadas y brilló cuando Berlocq se vació.

Ahora, el campeón de 14 grandes encara un partido que podría tener mucho peso en el futuro. Se juega su primer título en casi un año, empatar con Guillermo Vilas en coronas sobre tierra batida (46) y salir de Buenos Aires con una noticia que lleva meses esperando: que su confianza por fin se pueda quitar la escayola.

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