Nadal, debut y victoria en un vendaval

Rafael Plaza desde la ciudad de Madrid

Maldiciendo a grito limpio, Gilles Muller ve cómo Rafael Nadal le cierra las puertas de la victoria en la cara. En la segunda ronda del Masters 1000 de Indian Wells, el luxemburgués tiene un par de bolas para dejar sentenciado al mallorquín (2-6, 6-2, 3-3 y dos opciones de break), que las anula con valentía y gana 6-2, 2-6 y 6-4 un partido envenenado por el viento. El triunfo del campeón de 14 grandes, sellado con un resto magistral, llega con el aire sacudiendo violentamente las palmeras del desierto californiano en un día de perros y deja un revelador mensaje. Como si necesitase demostrar que está con ganas, Nadal se anima y celebra con rabia cada punto, un síntoma de hambre y también de actitud. Sin embargo, para llegar a octavos de final, donde el próximo martes le espera Fernando Verdasco (5-3 y retirada del eslovaco Klizan), deberá confirmar que puede mantener el nivel demostrado en su debut, la continuidad que ha echado en falta en los tres primeros meses de temporada.

El frío aire de la noche no rompe los planes iniciales de Muller, un enamorado del juego ofensivo, maestro de la volea en vías de extinción. Los amenazantes pelotazos del luxemburgués, que deberían volverse inofensivos en manos del viento, no descarrilan camino de las líneas de la pista. Si jugar a pecho descubierto tiene mérito, hacerlo entre esos remolinos vale por dos. El 45 del mundo le planta cara al vendaval con su agresiva propuesta, decidido a conquistar el encuentro de ganador en ganador. Parece increíble, pero su cantidad de errores es ridícula cuando más se aprieta el cruce.

En cualquier caso, el seguro tenis de Nadal, un patrón con el orden como pilar fundamental, le permite vivir con más holgura frente a las condiciones del encuentro, que por momentos le acerca a su mejor versión. El mallorquín no tarda en desvelar sus cartas. Como desde hace tiempo, el número cinco elige empezar sacando para llevar la delantera en el set, dejando atrás los días en los que prefería ceder esa iniciativa a su oponente y aprovechar sus eléctricos comienzos de partido para lograr el break de salida. Asumido que eso ha cambiado, el campeón de 14 grandes comienza a construir la victoria con su servicio y la asegura con una exhibición al resto, que culmina en la tercera manga cuando el viento sopla más fuerte que un saxofonista el día de su primer concierto.

Las buenas señales de Nadal llegan desde el principio. El mallorquín se coloca delante para restar, lanzándose a por la pelota en lugar de esperarla cómodamente atrás, en su zona favorita de la pista. Rápido de manos y vivo de piernas, Nadal saca provecho de esa arriesgada decisión: Muller se encuentra con restos profundos que le pillan por sorpresa una y otra vez, obligándole a empezar cada jugada a contracorriente o directamente quitándole el punto en un solo tiro. Poco a poco, y después de perder la primera manga, el luxemburgués se acostumbra a los mordiscos de Nadal, que no afloja ni cuando el partido se endurece.

Con Muller desbocado, inabordable en un segundo set perfecto, a Nadal no le queda otra que pelear para recuperar el control del cruce. Sin agarrotarse nunca, uno de sus principales problemas en situaciones similares encaradas el año pasado, el mallorquín llega al parcial definitivo preguntándose cómo reaccionará ante la presión. Poco tarda en encontrar la respuesta: tras salvar dos bolas de break con 3-3, una de ellas asaltando la red a toda pastilla, Nadal se mantiene en pie y llega hasta 5-4, donde Muller estalla porque no puede cargar con la exigencia que su rival le plantea. Así, y a lomos de un resto ganador fabuloso, el mallorquín llega a la tercera ronda, donde revivirá su encuentro del pasado Abierto de Australia ante Verdasco.

Después de abandonar la gira de tierra sudamericana con dos severas decepciones (derrotado en semifinales de Buenos Aires ante el austríaco Thiem y en esa misma ronda en Río de Janeiro contra Pablo Cuevas), Nadal reapareció en su torneo favorito sobre cemento, donde muchas veces encontró un impulso para el resto de la temporada. En 2016, de entrada, celebró una victoria en mitad de un vendaval y contra un rival bien incómodo.

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