Nadal busca el calor

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Los gritos se escucharon en mitad del Atlántico. En un partido marcado por el viento, donde poner la pelota en pista fue por momentos un triunfo, Rafael Nadal derrotó a un Nicolás Almagro (6-4 y 6-2) presa de la desesperación por momentos. El murciano, encargado de cortar la racha de ocho años del mallorquín sobre la arcilla de Barcelona el pasado año, cedió entre frustración dejando hacia la tercera ronda de Miami al balear, que aseguró otro encuentro en unas piernas ávidas de temperatura y siguió lanzando el cuerpo paso a paso.

Un partido para observar la altura física del mallorquín, entre algodones desde que tuviera que tuviera que interrumpir la práctica del pasado lunes debido a una torcedura en su tobillo izquierdo. “No va a estar perfecto”, indicó el número tres mundial sobre el estado de la articulación para el primer encuentro, donde por momentos mostró una movilidad enérgica pero también recursos para evitar un partido de grandes bandazos.

Fue, en consecuencia, un pulso competido desde la búsqueda del margen, donde las rachas de viento invitaron a esquivar el coqueteo con las líneas y la falta de un apoyo perfecto, los rallies estirados (64 puntos se resolvieron en cinco o menos golpes, por los apenas 11 que superaron los nueve impactos). Un Nadal que planteó desde lo incómodo. Jugando la derecha con especial curva, promediando casi un metro por encima de la red, una barbaridad alejada de los golpes planos, el balear fue hurgando en las incomodidades de su rival, que apenas pudo impactar golpes con los pies sobre la línea de fondo. También, encotrando en el revés a una mano de Almagro una bombona de oxígeno a explotar, colocándole infinidad de pelotas a la altura del hombro. Además, variando velocidades con el revés cortado, un recurso que le restó carreras en el cuerpo, rebajó la intensidad y disparó los errores de un rival dispuesto a discurrir por el camino recto.

El mallorquín, que completó un partido de transición lanzando más errores (18) que golpes ganadores (15), ni siquiera uno por juego en pista dura), encontró ante un rival desquiciado la llave para avanzar en el torneo. Porque se permitió alternar grandes fases con pequeños tropiezos, pestañeando incluso en fases del partido donde los más fuertes aceleran sin compasión. Como muestra el final del set inicial. Las únicas pelotas de quiebre del encuentro llegaron al tratar de cerrar el primer parcial (con 5-4 al servicio), donde la derecha le saltó por los aires y le obligó a levantar un 15-40, y tras una doble falta otra pelota de set, antes de poner de cara el encuentro. Con una tremenda acción de defensa, y una transición al ataque culminada con derecha paralela que levantó al estadio, Rafael mostró voluntad por tomar velocidad de crucero.

El mazazo del primer set no tardó en afectar a Almagro, que pidió revisiones en pelotas erradas por dos palmos, lanzó gritos desesperados a la grada y mostró precipitación con el paso de los juegos, incapaz de generar una opción de quiebre hasta el final del encuentro. Si en el primer parcial apenas falló cuatro veces con la derecha, el golpe que le mantuvo en igualdad en el partido, en el segundo parcial ese flanco pasó a disparar 13 errores en apenas cuatro juegos, una sentencia en tensión para el murciano, que superó la treintena de imprecisiones al cerrar el encuentro.

Muestra de la frustración, la acción que convirtió en brecha irreversible el arañazo, entregando a Rafa la segunda rotura que terminó por sellar el partido. Con Nadal situado en la red  y varias opciones en el frente, Almagro optó por lanzar todo contra el cuerpo del balear, cada vez con más fuerza como si la velocidad despedida fuera correlativa a las opciones de éxito. Un punto que le costaría el servicio (4-1), antes de entregar otro juego enviando un remate contra el muro (5-1) y ver cómo el balear cerraba sin problemas el partido.

En Miami, donde Nadal busca la temperatura para los puntos decisivos, un partido con margen para un motor que va engrasando.

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