Nadal no baja de marcha

Ander Millan desde la ciudad de Donostia

Realizando una gira asiática formidable en un 2017 de ensueño, Rafa Nadal alcanzó las semifinales del Masters 1000 de Shanghái derrotando a Grigor Dimitrov por 6-4, 6-7(4), 6-3 transcurridas dos horas y 32 minutos de juego. Una semana más tarde, se volvían a toparse y aunque fuese difícil superar la hazaña en Pekín, en el mismo país, disputaron otro envite de altos vuelos para que el manacorí ascendiese su bagaje ante el búlgaro en un 10-1.

Es uno de los tres Masters 1000 que le falta al campeón de dieciséis Grand Slam en su palmarés junto a Miami y París Bercy. Su movilidad de piernas, su confianza y su capacidad de sacar partidos complicados le están dando un apoyo para practicar sobre pistas tan rápidas cómo mucho tiempo atrás. Tres semifinales disputadas en Shanghái con el balance en contra ya que en 2009 ganó a Feliciano para después caer con Davydenko pero en el 2013 y 2015 cayó con Del Potro y Tsonga, respectivamente.

Nivel altísimo que se vivió en la pista central de las instalaciones chinas. Disputada la Copa Masters en este mismo recinto, se conocían los choques de nivel  pero el disputado en este segundo turno, quedará retratado en la retina de muchos por un tiempo. Gran intensidad mostrada por ambas partes desde el fondo de pista pero siempre con el servicio como un arma que no estaba resguardada detrás de otros golpes de fábula.

Salvada la opción de quiebre en el segundo juego por parte del rey del ránking, los juegos cabalgaron seguros para la parte que ponía la bola en juego. Aun así aquella tranquilidad era relativa por la contundencia de los dos protagonistas. El búlgaro, había salido muy motivado con su instinto depravador encendido desde el inicio y Nadal se vio obligado a servir toda su artillería para no verse superado.

Con 4-4, el buen rendimiento de Grigor se vio sobrepasado con un 0-40. El español había abordado con soltura sus golpes pero el sexto preclasificado volvió a la igualdad del 40-40 saliendo de un complicado atasco. No obstante, el accidente sucedió ya que el español no dejó que esa opción pudiese escaparse y el break fue un hecho gratificante. Pese a disponer de dificultades posteriormente sacó adelante su turno de servicio.

Con el parcial favorable, todo podía dar un drástico giro a la ejecución de los anteriores minutos pero por el bien del espectáculo, Dimitrov no perdió los papeles aún teniendo que salvar una bola de break. En aquellos instantes, los puntos disponían de menor tiempo para llegar a su desenlace y el factor psicológico fue cogiendo cada vez más consideración. Golpes finamente expresados con una calidad voluptuosa que llevaron a que la muerte súbita fuera la corresponsal en el devenir del parcial.

Las primeras diferencias del español parecieron naufragar por aguas tranquilas conociendo los antecedentes del oponente. Sin embargo, un exhausto pero estimulado por unas positivas sensaciones, le llevaron a dar la vuelta al Tie-Break basado del gran juego que traía en su arsenal. Celebró la manga como si hubiera ganado el choque pero todavía quedaban muchas cúspides que coronar para levantar los brazos.

El No.1 no se vio intimidado por ese tímido desenlace que tuvo y continuó con la dinámica y el buen juego que disponía. Las espadas se situaban en todo lo alto con la batalla totalmente abierta tras haber transcurrido delante de muchas minas. La clave del final estuvo cuando Nadal servía con 2-2. Un juego que duró casi siete minutos y donde el búlgaro mostró su fina poesía para intentar aniquilar las cortes del rival.

El futuro no vivió aquella línea recta y la situación se trastocó ya que Rafa obtuvo el tesoro que se buscaba por tantas partes del plantel de juego. Pese a que las peleas en la grada se sucedieran, no intimidaron la concentración del hombre que se disponía a servir y con dificultades selló su pase a semifinales citándose con Marin Cilic.

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