Nadal agranda su leyenda

Ander Millan desde la ciudad de Madrid

Por quinta vez, Rafael Nadal alzó el título en Madrid. Sensaciones, emociones ganas, actitud, nervios y muchas otras cosas que sintieron los dos protagonistas en las dos y 17 minutos que duró la gran final del cuarto Masters 1000 de la temporada. El electrónico iluminó un 7-6(8), 6-4 a favor de la leyenda que levantó el trofeo No. 72 de su carrera y el trigésimo en este tipo de torneos, igualando a Novak Djokovic y liderando la clasificación de vitrinas.

Los nervios fueron destacados en un comienzo incierto. La temperatura corporal ascendía cada vez que la bola rozaba la arcilla. Los primeros golpes no funcionaban y las cuerdas no empalaban con las condiciones que un día anterior gozaron. Los errores aparecían y el joven de 23 años que se estrenaba en una final de estas características, consiguió ponerse por delante siendo el primer hombre en romper el servicio. Sin embargo, no tenía todas las garantías consigo mismo y la tensión también palpaba su cuerpo.

Instantes después, el aficionado que abarrotaba la Pista Manolo Santana se dejó las cuerdas vocales a ritmo de ‘Vamos Rafa’. La igualdad fue un hecho y a partir de aquel momento, el nivel por parte de los dos hombres ascendió. Desde el fondo había más lucha sin que el error fuera precoz. Los minutos corrían y la coyuntura de los valientes llegaba. El noveno juego cogía fuerza y un 0-40 agrandó la sonrisa de los presentes a causa de tres errores del austriaco. Sin embargo, no había dicho su última palabra y a base de tesón confirmó que el parcial aún no había terminado salvando tres opciones muy peligrosas.

El Tie Break fue un hecho. El nivel era muy alto y los dos volvieron a tener muchos dolores de cabeza para sacar adelante sus respectivos puntos de servicio. La igualdad navegaba, Nadal levantó una opción de set y un revés cruzado épico fue trascendental. Levantó la pista central de la Caja Mágica y tras una hora y 14 minutos logró estar más cerca de la victoria.

Por el hecho de la larga duración, los dos pidieron ir a vestuarios para poder cambiarse de ropa. La actitud a la hora de regresar fue muy diferente. El tenista que iba por encima accedió corriendo mientras que el rival acudió cabizbajo pensando en que sí quería ganar este campeonato tenía que luchar y batallar por mucho más tiempo.

El juego de apertura en el segundo set fue vital. El quinto jugador del mundo, obtuvo una rotura de servicio muy importante. Los primeros servicios no entraron y aquellos remordimientos sacudieron su cerebro por lo ocurrido. Aun así, no se fue totalmente. El manacorí, por su parte, no bajó las espadas y no descendió el nivel con el que había ganado el primer asalto. Meter primeros le dio muchísima confianza para que después sus golpes fueran cada vez más efectivos.

Los puntos desde el fondo de pista llegaban a ser épicos. Los cambios de altura, de velocidad, intentando buscar las líneas en consecuencia de que el winner llegase. Trotaron hasta que la rigidez volvió a sumar las pulsaciones de los asistentes. Thiem servía con 3-5 para mantenerse vivo pero se encontró con un 15-40. Nuevamente, su mejor versión volvió a aparecer en los momentos más duros y sacó adelante su juego pasando todo tipo de presión a Nadal.

Era la hora de la verdad, y los desbarajustes eran un hecho. Lo ocurrido minutos antes transcurrió de manera adversa. Fue el español quién logró levantar un 15-40 sacando con primeros, obteniendo un winner y terminando en la red. Llegó otra bola de rotura y también la salvó satisfactoriamente siendo valiente. Después, pudo brillar la tercera bola de partido que no fue cosechada pero a la cuarta opción, una volea de calidad en la red hizo que se pusiera de rodillas celebrando un triunfo que será motivo para la historia.

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