Muguruza no rompe su techo

Rafael Plaza desde la ciudad de París

Al final del partido, la ganadora acaba doblada en un escorzo imposible, pura felicidad. Sopla rabioso el viento mientras Lucie Safarova se clasifica 7-6 y 6-3 para las semifinales de Roland Garros tras vencer a Garbiñe Muguruza. Por segundo año consecutivo, la número 20 cae en los cuartos de final del segundo Grand Slam de la temporada y ve roto su sueño de convertirse en la primera española que llega a la penúltima ronda de un grande en 15 años (Arantxa y Conchita en el 2000). La checa, citada con Ana Ivanovic (6-3 y 6-2 a la ucraniana Svitolina) por un puesto en la final del próximo sábado, corona el pulso de forma impecable y despide a Muguruza con una bofetada de realidad: Garbiñe se marcha de la catedral de la tierra sin romper su techo.

“No sabía que esperar cuando llegue aquí”, confiesa tras la derrota Garbiñe, que con los cuartos consiguió defender su actuación de 2014. “Estoy contenta porque he salido del partido sin nada que reprocharme. A diferencia del año pasado cuando perdí con Sharapova, hoy sí que salgo de la pista tras haberlo dado todo”, añade, comparando sus dos últimas derrotas en Roland Garros. “La temporada pasada vi la victoria muy cerca, pero no era muy consciente de lo que había sucedido. Ahora, me marcho tranquila”, insiste. “He perdido por pequeños detalles: ella estaba pegando y moviéndose muy bien. Además, me ha molestado que fuese zurda. No me sacaba muy fuerte, pero lo hacía con el efecto típico de ellas y me ha costado mucho restarle. Es incómodo jugar con un zurda porque tienes que adaptarte a esos efectos tan particulares que tienen”, se despide.

“Tenía una oportunidad muy buena, pero Safarova ha jugado a un nivel muy alto”, le sigue Conchita Martínez, la capitana de Copa Federación, que también fue la última jugadora de La Armada en llegar a la final en Roland Garros (2000). ”Safarova ha aguantado muy bien la presión”, sigue sobre la checa, que nunca antes había alcanzado la penúltima ronda en París. “Ha aguantado muy bien desde el fondo de la pista y eso es básico en tierra”, dice, valorando la actuación de la número 13, paciente en los momentos decisivos del partido. “Garbiñe no llegaba aquí en su mejor momento. Había tenido derrotas duras durante el año. Después de haber ganado a Halep en Copa Federación, perdió algunos partidos que no se esperaba y eso afecta a la confianza”, prosigue sobre la joven de 21 años. “Pero está muy bien lo que ha conseguido: de llegar a Roland Garros sin buenas sensaciones a darle la vuelta y marcharse tras defender los puntos del año pasado”.

El pase a semifinales se discute entre las ráfagas de un vendaval que forma pequeños remolinos sobre la pista y levanta la arena como una ola en día de marejada. Pronto descubre Muguruza que Safarova no es una zurda cualquiera. La checa, reconocida en la caseta por su fabulosa derecha en un circuito donde lo habitual es golpear mejor el revés, descose a su contraria con ese tiro. Safarova tiene ratos impecables con su drive y hace lo que quiere con su rival, que no puede doblarle la mano a su oponente solo con la fuerza del brazo. Eso debe ser frustración: pegar, pegar y pegar y ver que no ocurre nada, que todo sigue igual, que no se abre ni una tímida grieta en una pared que cualquier otro día estaría destruida en mil escombros.

En cualquier caso, el cruce es de una intensidad tremenda en el arranque. La número 20 negocia mal la primera bola de rotura del encuentro (3-2), que es suya. La 13 desperdicia las seis siguientes (cuatro con 3-3 y dos más con 5-5). Así, tras más de una hora, se llega al tie-break de la primera manga. La tensión está en la cara de Garbiñe, que se sacude tras fallar un revés que da ventaja a su oponente. La presión está en el rostro de Safarova, que agita las manos para animarse cuando aparecen los problemas y encuentra en su saque un arma increíble, variando las direcciones (siete aces) y aprovechando una vez que es zurda para desplazar a Muguruza y quedarse con toda la pista abierta.

La exigencia del encuentro obliga a Garbiñe a combinar su plan de toda la vida (competir a puñetazo limpio) con uno que lleva meses trabajando a conciencia. Muguruza juega levantando la pelota con su derecha. Ella, acostumbrada a ganar a estacazos, de golpe plano en golpe plano, de línea en línea, se encuentra de repente mezclando alturas y abriendo ángulos, a jugar con la mano, que dicen los técnicos. Ni eso le basta para alterar la regularidad de Safarova, para encontrar un resquicio por el que colarse. La victoria de la checa, que acaba con un pocos errores (18) para todos los riesgos que asume (28 ganadores), nunca llega a peligrar después de abrochar el primer set.

El partido es otro después de que Garbiñe pierda el desempate. Inmediatamente, la española cede su saque por primera vez en el duelo (0-2). Safarova cierra el puño. Respira. Parece que ya está hecho, que la victoria es suya, que solo el tiempo se interpone entre ella y sus segundas semifinales en un grande (Wimbledon 2014) porque es imposible que Muguruza vuelva al encuentro. Ocurre todo lo contrario. La reacción de la número 20, toda garra, hace lo imposible. Garbiñe escala desde ese 0-2 hasta 2-2 y 30-40. Es un punto de break que lo cambia todo. Es ahora o nunca. Una oportunidad de agarrarse a las semifinales… anulada. Safarova, que vuelve a sobrevivir a otro bola de rotura (4-2), es una jugadora gigante que por méritos aspira a todo en Roland Garros. Así se lo dijo Muguruza al final el encuentro: “Espero que ganes el torneo porque te lo mereces”.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados