Maestro Dimitrov

Javier Méndez desde la ciudad de Londres

Y, por fin, Grigor Dimitrov. Dejó atrás hipótesis, teorías y pronósticos para dar la razón a las alabanzas de quienes vaticinaban que su raqueta guardaba los mimbres necesarios para imponerse en un gran escenario. Este domingo en las ATP Finals levantó el título más importante de su carrera, sin importar que el impresionante juego de luces zafiro señalase su muñeca como la responsable de dictar sentencia en el O2. Asumió el protagonismo y la responsabilidad. No le tembló el pulso para conquistar el trofeo en Londres frente a David Goffin (7-5, 4-6, 6-3).

Fue el broche perfecto a la mejor temporada de su carrera. Un brillante epílogo para celebrar su despedida de 2017 como No. 3 del mundo y como ‘Maestro de Maestros’. El búlgaro aprovechó la ausencia de Roger Federer (SF) y Rafael Nadal (RR) –ambos inclinados a manos de su rival en la final– en su camino para sumar la cuarta corona del curso y arrancar de la misma manera que lo hizo este año: con un título. Dimitrov inició enero con un triunfo ante Johnson en Brisbane y lo termina once meses más tarde en Londres con otra victoria ante Goffin.

49 victorias en 68 partidos. Dimitrov se ha consolidado como una de las alternativas al legendario binomio RR (Rafa-Roger) que recuperó su autoridad en el circuito esta temporada, repartiéndose todos los Grand Slam y la lucha por el número uno.

Eso sí, el búlgaro no fue ajeno a la presión en la primeros minutos de la final. El belga, con la confianza de haber dejado en el camino a los dos mejores del torneo, siguió alimentando su crédito con un break. Pero Dimitrov no tardó en responder para igualar (1-1) el desajuste inicial. Sin embargo, Goffin saltó más agresivo, más certero y con menos nervios. Otro quiebre más le permitió alejarse en el marcador (3-1).

El de Haskovo enlazó un parcial de 6-1 para darle la vuelta al set y acabar decantándolo de su lado (7-5), con un 70% de puntos ganados con su primer servicio y conteniendo los 14 golpes ganadores de Goffin en la primera manga. Después de un eterno juego de diez minutos y tras dejar escapar cuatro oportunidades para cerrar el set, a la quinta acabó abrochando el parcial.

Goffin recuperó la derecha y equilibró la balanza de winners (16) y no forzados (6). Tomó la iniciativa, mandando desde el fondo y avivando la presión sobre el búlgaro. Un impecable 14/15 con primeros servicios del belga y un break convertido en su única oportunidad llevaron el partido al set definitivo.

El decorado poco tenía que ver con el encuentro de la fase de grupos, donde Dimitrov había barrido a Goffin en 75 minutos por un contundente 6-0, 6-2. Levantar la corona en Londres implicaba trabajar hasta la última pelota, el belga había aprendido de sus errores. Y en el inicio del tercer set tampoco levantó el pie del acelerador, disfrutando de 4 oportunidades de break más. Pero esta vez sí, el búlgaro las defendió porque su sueño viajaba en cada tiro para salvar ese juego (1-0).

Y Dimitrov se aferró a su sueño y a sus opciones para acabar decorando un palmarés que luce este curso cuatro premios en Brisbane, Sofía, Cincinnati y las ATP Finals. El búlgaro cerró el año con la mejor marca de trofeos en una misma temporada (4), elevando los números que lució en 2014 (3). Londres confirmó a Dimitrov como nuevo Maestro.

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