La primera vez de Muguruza

Antonio Arenas desde la ciudad de Madrid

Bailando sobre la pista con la raqueta tirada en el suelo. Así celebró Garbiñe Muguruza el primer título WTA de su carrera tras inclinar a Klara Zakopalova en la final de Hobart (6-4 y 6-0) antes de viajar hacia Melbourne para debutar contra Kaia Kanepi en el Abierto de Australia, el quinto grande en el que participa. Lo que ocurrió en Tasmania fue un aviso para el mañana. Las rivales ya saben lo que esperar porque están advertidas del peligro que representa una jugadora que competirá en las antípodas sin ser cabeza de serie, pero sobradamente preparada para el reto de pelear frente a tenistas con más galones que ella. “Estoy enamorada de Hobart”, dijo todavía sobre el cemento, haciendo un guiño a la ciudad que la vio ganar su primer título de dobles (en 2013 con Tita Torró) y el primero individual. “No tengo palabras para poder explicar lo feliz que me siento ahora mismo”.

Para la española, que pasó seis meses del curso pasado sin competir porque se sometió a una operación en el tobillo derecho tras Wimbledon, fue algo más que la primera vez. Tras volver a competir en el torneo de Auckland, donde se inclinó ante Venus Williams, la número 58 del mundo se encontró obligada a disputar la fase previa de Hobart. Luego, en el cuadro final, escaló hasta el primer partido por el título de su carrera enterrando a la belga Kirsten Flipkens, la segunda cabeza de serie. En su primera final en el circuito dejó la huella de los campeones: ganó el título derrotando a ocho rivales por el camino sin perder un solo set. Muguruza jugó desatada. De pelotazo en pelotazo, fiel al estilo que ha establecido una importante diferencia con sus compañeras españolas, la vasca gobernó el partido. Los intercambios quedaron sentenciados a golpes. Línea, línea y línea. Ahí se movió Garbiñe, que siempre disparó antes de preguntar. La lluvia de golpes desquició a Zakopalova, ahogada con su saque, sobre el que Muguruza construyó la victoria porque restó el primer servicio sobre la línea de fondo y el segundo metida dentro de la pista, arrebatando la iniciativa desde el primer momento.

Una charla con su entrenador, Alejo Mancisidor, tras ganar el primer set resumió que no era una partido para bromas. “Hay tiempo, se va al baño”, le dijo ante la inquieta mirada de la española a su rival. “El partido es de cajón”, siguió. “Piensa una cosa. En este lado estás jugando muy bien. Aquí tienes que tirar porque cuanto más tires tú, más le cuesta a ella mover la mano con la derecha. Si tiene más tiempo, ella la tira mejor. Aquí se nota un huevo el viento. Cuando estás en aquel lado tienes que jugar un poco más con la mano”, radiografió el técnico las claves del encuentro, marcado por el viento. “¡No puedo jugar con la mano todo el tiempo!”, le respondió Muguruza mientras jugaba con una botella de agua para calmar sus nervios. “Ya se que te cuesta, pero no tengas tanto miedo en cuidarla un poco. Es muy difícil que te desborde de este lado. Y su segundo saque”, empezó a decir cuando Muguruza volvió a quejarse, haciendo referencia a los problemas que le planteaba el partido y recordando el escaso tiempo para hablar del que disponían. “Atiende un momento, no te aceleres que hay tiempo”, le dijo para volver a calmarla antes de rematar el discurso. “Dices que aquí es muy lento. Y es muy lento porque lo esperas atrás. Tienes que coger la bola delante y moverla para los lados”.

La conversación provocó un vendaval. Garbiñe devoró a Zakopalova, que con 0-5 en la segunda manga se sentó en el banquillo y se tapó la cara con la toalla mientras limpiaba unas tímidas lágrimas, puro reflejo de la impotencia. La checa quiso frenar un tren a toda velocidad y terminó atropellada, reducida a 16 puntos ganados de 46 disputados en ese último parcial entregado con una doble falta. Muguruza tiró entonces la raqueta y bajó la cabeza. Luego bailó. No hubo mucho más tiempo para celebraciones porque la española empezó a preparar el primer Grand Slam de la temporada que arranca el lunes en Melbourne y donde ya ha fijado su asesina mirada. Con 20 años, su futuro es imposible de imaginar.

  • lola del castillo

    Lo siento mucho. Le tengo profunda antipatía a la venezolana Muguruza. Espero que la eliminen en primera ronda en el AO

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