La historia es de Federer

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Aplaudieron hasta los franceses, guardianes del infierno durante tres días: Roger Federer ganó 6-4, 6-2 y 6-2 a Richard Gasquet el cuarto punto de la final de la Copa Davis (Francia, 1-Suiza, 3), superó un fin de semana dramático (fue duda hasta el último momento y perdió el viernes el segundo encuentro de la eliminatoria tras pasarse la semana curándose de una lesión en la espalda que le impidió jugar ante Djokovic por la Copa de Maestros en Londres) y, como su selección, levantó por primera vez La Ensaladera ante 27.448 personas, nuevo récord de asistencia a un partido de tenis. A los 33 años, el campeón de 17 grandes se tiró sobre el albero y bañado en lágrimas celebró que ya no falta ningún gran título en su carrera, redondeando las aristas de su colosal obra, escrita desde 1998 con elegante caligrafía, tinta de oro y páginas llenas de hitos encadenados, logros fabulosos y marcas destrozadas para siempre. En Lille, la huella de una leyenda universal llegó hasta el infinito: hoy más que nunca, no hay historia sin Federer.

Por la mañana, y para sorpresa de todos, Arnaud Clement, movió ficha obligado por las circunstancias. El capitán francés sentó a su número uno (Tsonga, que renunció al pulso como con consecuencia de una lesión en el brazo) para hacer saltar a Richard Gasquet, derrotado en la víspera en el punto de dobles y destinado inicialmente a formar parte de ese encuentro del sábado y animar el último día desde el banquillo. El número 26, que precisamente nunca ha destacado por tolerar los nervios en situaciones delicadas, se encontró luchando sin esperarlo. En consecuencia, los franceses cambiaron los martillazos de un gigante por la fina técnica de un prodigio, llamado tiempo atrás a dominar el circuito. No fue un buen plan. Así lo reflejó la impotencia del seleccionador local, que se subió a la silla del árbitro invadiendo su espacio para reclamar un saque dudoso de Federer durante la tercera manga, cuando ya no había forma de invertir lo irremediable, con el partido gobernado por el suizo bajo unas leyes impermeables y una claridad deslumbrante. La forma de ganar una guerra. 

Federer rugió desde el minuto uno. La derrota del viernes le ayudó a hacer la transición a la tierra que no pudo realizar durante la semana tras llegar dolorido de Londres (no jugó el partido decisivo en la Copa de Maestros) y centrarse en un tratamiento contrarreloj para recuperarse. La victoria del sábado en el dobles le preparó definitivamente para el gran día, demostrándole que los mordiscos de la espalda habían desaparecido e impulsándole hacia el momento esperado. El domingo fue un monólogo de ganas, magia y talento: el suizo se movió con el instinto de sus mejores tardes, avivado por la recompensa, y puso precisión y determinación para llegar hasta el cielo de sutileza en sutileza, como la dejada con la que cerró el triunfo y le puso un trono junto al resto de los dioses del deporte.

Sonaron los cencerros suizos mientras Van Gogh pintó con una raqueta un pasaje incompleto de su vida. ”¡Richard! ¡Richard!”, respondió la mayoría de la grada, tratando de rescatar a Gasquet. El francés, tan inofensivo como impotente, no se procuró ni una sola pelota de rotura en todo el partido. Dos veces llegó al 40-40 sobre el saque del suizo (tercer set) y dos veces vio cómo la ocasión se marchaba por donde llegó. Esperando el momento de felicitar al vencedor, resignado como el que ha perdido el tren y tiene que esperar un buen rato hasta que pase el siguiente, Gasquet atacó el encuentro con lo que pudo (bolas sin la suficiente altura sobre el revés de su oponente, un puñado de buenos tiros sin continuidad y unas decisiones tan previsibles como la reacción de una persona a la lluvia) e intentó ponerle una garra descafeinada a la inspiración de su rival. Sin corazón caliente ni armas de fuego. Fue en vano.

El triunfo alimentó la leyenda del suizo, que creció entre 17 títulos del Grand Slam, 302 semanas sentado en el ático de la clasificación y 65 títulos más. A Federer, que en 2015 superará las 1.000 victorias y peleará por recuperar el número uno del mundo, ya solo se le puede comparar con los más grandes de la historia del deporte. Federer es Jordan. Federer es Bolt. Federer es Phelps. Federer es Alí. Federer es el mejor de los mejores. Pase lo que pase, un deportista como no habrá otro.

  • *ღೋDaniela♪*♫*♥

    espectacular. Sinceramente Roger se lo merecia pero me parecieron muy raras las decisiones del capitan frances, teniendo a Llodra no ponerlo para el dobles y poner en un punto tan sensible a Gasquet que tiene una gran tecnica pero es flojito de coco, Me parece que Clement no sigue.

    Pero lo mas importante es que puedo decir que tengo la enorme suerte de estar en la epoca que juega el mejor tenista de todos los tiempos

    • juegosetpartido

      Totalmente de acuerdo. La decisión de poner a jugar hoy a Gasquet es algo que no consigo comprender.

      Por otro lado, Federer se confirma como el mejor jugador de todos los tiempos una vez más.

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