Kohlschreiber amarga el estreno de Bautista

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

La España de Carlos Moyà deberá escalar para no perder en la primera ronda de Copa Davis ante Alemania en Frankfurt y pelear en septiembre por la permanencia, como ya sucedió la temporada pasada. En 1h43m, Roberto Bautista cede el punto inaugural de la eliminatoria ante Philipp Kohlschreiber (4-6, 4-6 y 2-6) y deja en manos de Feliciano López (que se mide a continuación con Florian Mayer) la responsabilidad de cerrar la primera jornada con el marcador igualado (1-1) o con una brecha en el mismo (0-2), lo que llevaría a La Armada a jugárselo todo en el punto de dobles de mañana. Al debutante, que jamás se encuentra cómodo, sobrepasado por el escenario, le devora un rival inspiradísimo que tras renuncia al primer grande la temporada por una lesión carga con los galones de Tommy Haas, el número uno alemán que con molestias en el hombro contempla el partido desde el banquillo esperando su momento.

Con la grada templada, Kohlschreiber ataca el partido desde la experiencia, explotando que él sabe el argumento de esta película y su contrario todavía no la ha visto. El alemán juguetea con los efectos y las alturas: aquí un revés cortado para enredar las ideas de su rival, allí un ángulo corto sobre la derecha de Bautista para sacarle de su zona natural de golpeo. El número 27 del mundo, que controla las direcciones de la pelota como si su raqueta fuese un compás, lleva al español de lado a lado. Le tiene con los pies en el aire, obligándole a pegar sin apoyos y en posiciones defensivas que en esta pista son una sentencia de muerte. En apenas dos tiros, el alemán silencia a Bautista con manotazos que rasgan el aire y le dejan de piedra.

El español paga su bautismo en la competición. Compite encadenado, gris durante todo el encuentro, incapaz de lanzarse a por la bola para atacar primero como hizo en su victoria ante Juan Martín Del Potro en Melbourne. El ritmo del partido no le favorece porque Kohlschreiber lee muy bien cada momento. En consecuencia, sabe elegir la mejor opción para que Bautista nunca se sienta cómodo y tenga la sensación de estar siendo controlado, maniatado hasta el punto de acabar rodando por el suelo. De vez en cuando, el alemán incluso se atreve a jugar al gato y al ratón con el número 52 del mundo, citándole en la red y amarrando un puñado de puntos que son clase y talento conjugados sobre cemento, dinamita para la cabeza del español.

Aunque sus servicios le mantienen invulnerable durante toda la tarde, el número 27 del mundo pone en pista un moderado número de primeros saques (59%). Eso debería ser una oportunidad para que Bautista olfatease la oportunidad de atacar su segundo saque. El español, sin embargo, no logra procurarse ni una sola de break en todo el partido. Solo llega dos veces al deuce. Eso refleja que no tiene voz en el debate. Jamás le encuentra las costuras a su rival, que se hace grande tras cada intercambio domado desde el fondo de la pista donde el castellonense intenta dinamitar el duelo cuando ya agoniza. Solo el Bautista de la tercera manga recuerda fugazmente a ese jugador de golpes planos y estilo directo que maravilló al vestuario semanas atrás.

Los gestos del español revelan que esto no es el Abierto de Australia ni tampoco otro torneo del circuito. Aquí se compite representando a España, la cinco veces campeona. Aquí la camiseta pesa toneladas porque hay un país detrás observando cada detalle. Aquí se juega cargando con la historia en la espalda. Esto es la Copa Davis, una competición diferente a cualquiera otra. Bien lo sabe Fernando Verdasco, que mientras Bautista se inclina bajo la cubierta del Fraport Arena toma notas en una libreta analizando lo que pasa en la pista. Él, que ya ha cerrado dos puntos decisivos para dar la Ensaladera a España, podría disputar el quinto partido ante Kohlschreiber si la eliminatoria llega viva al último suspiro el domingo.

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