Halep contra todo

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Nadar entre el miedo hasta salir ganando. Simona Halep aguantó, peleó y supo sufrir en la final de Indian Wells para hacer suyo un encuentro lleno de imprecisión, donde las sensaciones brillaron por su ausencia y la única aceptación de una pelea embarrada le permitió llegar a alzar los brazos. La rumana remontó ante Jelena Jankovic (2-6, 5-7 y 6-4) un partido con la tensión por bandera: una pelea con 18 roturas de servicio, una auténtica barbaridad, en la que más de la mitad de los puntos (108 de 200) llevaron la vitola de error no forzado. Fue un gobierno del caos, sobreponerse a la tensión en el mayor logro de una vida hasta demostrar su vigencia en el tenis femenino. También, una tremenda gestión del sufrimiento. Halep, que compitió en el desierto conociendo del suicidio de un familiar antes del torneo, ha levantado tres títulos en 2015 (antes de hacerlo en California tomó Shenzhen y Dubái) se erigió como la número uno de la temporada por ganar un encuentro tan poco lustre como buen ánimo: responder al estrés con hábito.

La batalla fue un trago espeso desde el primer acto, donde Simona aborda un cóctel exigente: tras no disputar la semifinal por la retirada de Williams, la rumana se encuentra peleando por el mayor título de su carrera sin haber competido durante cuatro días, enfrentando a una jugadora con capacidad para extender a placer los intercambios. El resultado es una tenista sin agresividad, tensa, incapaz de forzar a una rival que juega bien incluso sin apoyos cómodos. Jankovic, una antigua campeona del torneo, juega con comodidad, llegando a trazar un guión táctico que desarbola por completo a una Halep sin chispa. Variando alturas, elevando la pelota hasta evitar el impacto cómodo de la rumana, encuentra un festín de pelota cortas que atacar en mitad de pista. En un juego a dos ritmos con el que hace estragos hasta sellar el primer parcial, una manga donde Halep entregas tres saques y se dispara en imprecisiones, con hasta 28 errores no forzados.

Entonces, la locura. El trance que sufre la rumana se apodera de Jankovic, incapaz de coronar un torneo desde 2013, la sequía más larga del top-25. El solo pensamiento de poder alzar la copa convierte a la serbia en un manojo de nervios, que escupe errores en cada intercambio y lamentos en cada mirada que lanza al banco. El encuentro entra en una espiral tremenda, con cinco quiebres seguidos en el corazón del set (del 2-3 al 5-5). Halep se resiste a rendirse, pese a penar con segundos saques que apenas vuelan a 130 kilómetros por hora, doblada sobre sí misma entre el cansancio y la desesperación del momento. La tensión es tal que Jankovic, atenazada al extremo, llama al entrenador antes de sacar por el partido. “¡Estoy temblando aquí dentro!”, brama la balcánica, solicitando la compañía antes de intentar volcarse sobre el título. “Juegas para esto! ¡Juegas para esto! ¡Olvídate de lo que no hiciste y concéntrate en lo que tienes por delante!”, escucha antes de deshacerse como un azucarillo. La presión de llevar dos años sin levantar una copa y tener a unos puntos de distancia el más grande de su carrera se evidencia por completo. Jankovic, que estuvo a dos puntos de ganar el encuentro, pasó del 5-4 al 5-7 y terminó el parcial con 27 errores no forzados, una desproporción para una jugadora de su perfil aguerrido.

En la manga definitiva se acentúa el caos en Jankovic, incapaz de consolidar dos quiebres hasta perder por completo los nervios. “No me puedo creer lo que está pasando”, grita la serbia mientras observa cómo un título que tenía en la mano se desvanece como un hielo al sol. “Necesito conservar mi servicio. Lo he perdido tatas veces. Es que no me importan mis tiros, me da absolutamente igual. Sólo quiero conservar mi maldito saque. Por eso he perdido el segundo set, le he dejado entrar en el partido”, lamentó en una descomposición que le hizo entregar los últimos cuatro servicios del partido.

Halep, recalentada a carreras, culminó el partido a Jelena siendo su polo opuesto. Ante el sufrimiento Jankovic, que planteó miradas perdidas y gritos al cielo, se impuso Simona desde un silencio espartano. Sendo la viva imagen del que sabe penar sin alzar la voz ni los ojos del suelo.

  • LoveThirty

    Partido realmente exigente, tanto física como mentalmente. La emoción compensó los fallos, eso sí… muy agarrotas ambas por la oportunidad que tenían por delante.

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