Ferrer recupera el ritmo

Rafael Plaza desde la ciudad de Valencia

Julien Benneteau compite arropado por la valla. Él, acostumbrado a asaltar la red como una pantera, reta desde el fondo de a pista a uno de los mejores jugadores del planeta en esa zona decisiva del tenis moderno. Su atrevimiento es un suicidio. El techo del Ágora, idílico entorno para lanzarse a por la victoria desgarrando los intercambios en un par de tiros, contempla como David Ferrer accede a los cuartos de final del torneo tras tumbar al francés por 6-2 y 6-1. El alicantino, defensor del título, cruzará argumentos mañana con Jerzy Janowicz por una plaza en semifinales un año después de derrotarle en la final de París-Bercy, donde alzó su primer Masters 1000.

Cuando acaba el partido, Ferrer sonríe. Los síntomas de sus peores momentos de la temporada (gira previa al Abierto de los Estados Unidos y gira asiática) han desaparecido. Recuperado el ritmo, el número tres es otro. De orilla a orilla abarca el español. Sus piernas le permiten dictar el ritmo mediante la derecha porque siempre llega a tiempo para disparar cubriéndose el revés. Con ella defiende, desborda y determina. Sus ángulos son los que sacan a Benneteau de los sectores cómodos de golpeo. En movimiento, como Ferrer le obliga a golpear una y otra vez, el galo se asfixia. Su confianza, por último, es el arma que prepara al guerrero para todo lo que venga: a lomos de ella, Ferrer se atreve a probar con el revés paralelo y desbordar con un argumento arañado por las derrotas previas, enterrado por las circunstancias.

“En Shaghái ya me fui encontrando un poco mejor tenísticamente”, cuenta el español. “La semana pasada jugué bastante bien y en estos dos partidos me he encontrado bien. Estoy manteniendo una regularidad”, sigue. “Pego el revés paralelo cuando no pienso tanto, cuando tengo más confianza lo manejo mejor. Me cuesta más tirar un poco con ese golpe, pero hoy lo necesitaba porque es un tenista que juega muy bien de revés y tenía que hacerle correr hacia su derecha”.

Benneteau, un artista de otro tiempo, busca las costuras de Ferrer negándole los intercambios, donde se sabe inferior. Eso sólo le permite llevar el partido igualado hasta el ecuador de la primera manga (3-2). Ahí, se apaga su saque. Ahí se olvida de la red. Ahí se acaba el partido porque el francés pelea anclado tras la línea de fondo y Ferrer está desatado. Lo intenta, pero ni los pulmones ni las piernas pueden rebasar la muralla levantada por el número tres del mundo.

“Hoy he jugado a mi máximo nivel y mañana tendré que hacerlo igual para tener alguna posibilidad, pero soy consciente de que jugando muy bien también puedo perder”, dice sobre el partido de mañana. “Janowicz saca muy bien y en un futuro estará entre los diez mejores. Además, tiene más experiencia que el año pasado porque ha jugado grandes torneos. Ha hecho resultados muy importantes, como las semifinales en Wimbledon. Quizás, en la final de París-Bercy le faltó esa experiencia porque fue su primera partido importante, pero mañana no sucederá lo mismo”. Para Ferrer todo fueron buenas noticias. La preparación para lo que se avecina no puedo ser mejor: ante el polaco Janowicz, otro desafío para el campeón.

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