A Ferrer no le vale con el ritmo

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Roto en un mar de sudores y con el rostro pidiendo una tregua. Así se inclinó David Ferrer 4-6 y 2-6 en los cuartos de final del Masters 1000 de Shanghái ante Novak Djokovic, que se medirá en semifinales a Roger Federer (7-6 y 6-0 al francés Benneteau). El alicantino, vencedor en la víspera de Murray, soñó con salir de Asia dando un paso de gigante para estar en la Copa de Maestros de Londres, aprovechando que todos sus rivales directos desfallecieron precipitadamente. Antes de despedirse frente al campeón de siete grandes, Ferrer tomó una decisión que explicó su ambición por estar en la última prueba del año: el número cinco mundial aceptó una invitación del torneo de Viena para buscar allí más puntos y optar a una plaza en la cita que reúne a los ocho mejores del año en Inglaterra. El peaje puede puede ser terrible para su cuerpo: a los 32 años, competirá seis semanas seguidas (Shenzhen, Tokio, Shanghái, Viena, Valencia y París-Bercy) con la meta fijada a orillas del río Támesis.

Al igual que tantas otras veces, Ferrer penó para desbordar a Djokovic, pero entregó su corazón como tributo del triunfo que no llegó. Como en la mayoría de los intercambios no pudo encontrar un golpe definitivo para hacer suyo el punto, el español puso a correr al serbio de un lado a otro imprimiendo un ritmo vertiginoso desde el fondo que secó las energías de ambos contrarios, exhaustos como acabaron tras 1h34m de encuentro. Con los dientes apretados tiró el español y con las fauces abiertas respondió el serbio, capaz de reinar tan bien en el ataque como en la defensa.

Posiblemente, la táctica de Ferrer fue un error: desde esos vértices de la pista donde citó a Nole nacieron disparos endiablados. El número uno, maestro de los ángulos, castigó con su derecha el revés del número cinco al que le faltó profundidad, mordiente y dirección para romper las murallas del campeón de siete grandes. Mientras, el serbio creció desde su primer servicio (84% de puntos ganados), olfateó con tino al resto (ganó el 43% de las bolas de rotura que se procuró) y le cerró en toda la cara la puerta a Ferrer, que solo fue capaz de sumar 12 puntos sobre el saque de Djokovic. El alicantino jamás se rindió, pese a los desengaños del marcador. La respiración agitada de su contrario demostró la intensidad de la batalla: Djokovic acabó con la lengua fuera.

Luego, Roger Federer derrotó 7-6 y 6-0 a Julien Benneteau en un pulso de dos caras. Primero, suizo y francés acumularon un puñado de tiros para la grada y se citaron en un tie-break lleno de malabarismos y alternativas, al que el campeón de 17 grandes echó el lazo. Después, el número 30 tendió una alfombra roja para que el número tres del mundo le despellejase, exhibiendo piernas, pulmones y hambre a lomos de un argumentario ingobernable.

Los números son bien claros: Federer ha llegado a la penúltima ronda en 11 de los 14 torneos que ha jugado en 2014. Mañana, frente al número uno del mundo, tiene la oportunidad de sacarse una espina afilada como una cuchilla. El triunfo tiene un alto valor. Vengarse de la derrota en la final de Wimbledon y darse la oportunidad de ganar otro Masters 1000 en una temporada fabulosa como recompensa si tumba a Djokovic en China.

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