Ferrer es demasiado

Rafael Plaza desde la ciudad de Valencia

Un lobo ruge bajo la bóveda del Ágora. Es noche cerrada y David Ferrer levanta los brazos porque está en la final del torneo de Valencia por quinta vez en su carrera (6-2 y 6-3 sobre Nicolás Almagro). El alicantino, clasificado para su octavo partido por el título de la temporada, defenderá mañana la corona de campeón ante el ruso Mikhail Youzhny siendo el hombre que más partidos ha disputado en 2013 (75). Con París-Bercy y la Copa de Maestros pendientes en su calendario, el número tres del mundo llega a la recta final del año con las piernas calcinadas, pero más cerca de las sensaciones que el curso pasado le permitieron ganar el único Masters 1000 de su carrera, gobernando con solvencia la gira bajo techo de final de temporada.

El partido es una fiesta porque la semifinal es entre españoles. Canta la grada, dividida por momentos. Por las paredes resuenan los nombres de los dos semifinalistas que se prueban desde el primer intercambio. Bajo techo la bola vuela como la gaviota sobre el mar. Ahí encuentra Almagro un aliado para multiplicar su saque, con el que se mantiene a flote, y un motivo para tratar de abrasar las líneas. El riesgo, tan alto como la recompensa, es el único camino para quebrar el lacerante 0-13 con el que se presenta en la semifinal, inclinado siempre por su rival, sometido a una concatenación de derrotas imposible de borrar a la hora de afrontar el duelo.

A Ferrer, sin embargo, poco le importa el entorno. El alicantino comienza el duelo como lo acaba: dominando con su derecha y poniendo al murciano en situaciones extremas para disparar. A través de ella construye la victoria porque Almagro compite demasiado acelerado, tensando la cuerda hasta que se rompe. Su labor de destrucción termina volviéndose en su contra. Juega a tres tiros, evitando quemarse en los intercambios donde poco puede hacer ante uno de los mejores tenistas del mundo. El murciano no quiere que Ferrer le cite en la línea de fondo, pero el intento de conquistar territorio enemigo queda en nada. Almagro, de fallo en fallo, acaba anulado ante la solidez del contrario, tornado contra hojarasca,

“La clave del partido ha sido que no he conseguido hacer mi tenis”, analiza el murciano. “Ferrer ha logrado ponerme en una situación complicada para golpear. Además, he fallado muchas bolas fáciles y por ahí han pasado muchos factores. Con su saque ha estado muy acertado y yo no conseguía meter presión al resto. Nunca he estado cómodo y no he logrado entrar en la batalla en ninguno de los sets”.

Ferrer aprieta. Muerde. Ligero de piernas, llega un segundo antes a golpear cada bola, tiempo necesario para arrebatar la iniciativa y obligar a Almagro a tirar desde los vértices. Con la confianza recuperada, los paralelos llevan la firma del alicantino. Su derecha bota endiablada hacia lugares sin retorno. Además de sus armas de siempre, el saque acude a ayudarle, por lo que Almagro se queda petrificado al resto. Es una propuesta infinita: tenis, piernas, corazón. El murciano, que entrega su saque en la segunda manga con una doble falta, reflejo de lo que es el partido, se marcha derrotado. Ferrer, finalista después de aterrizar en Valencia con un millón de dudas, peleará por la copa con una sonrisa inmaculada.

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