Feliciano se ahoga al final

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

El estreno de Carlos Moyà como capitán de Copa Davis ya es una misión imposible. A la derrota de Bautista contra Kohlschreiber (2-6, 4-6 y 2-6) en el primer partido de la serie se une la de Feliciano López ante Florian Mayer (6-7, 6-7, 6-1, 7-5 y 3-6) en una batalla ajustadísima, decidida por los detalles que marcan la diferencia entre la vida y la muerte en el quirófano. Ni remontar dos sets y salvar cuatro bolas de partido (dos en la cuarta manga y dos más en la quinta), obra de López, es suficiente en Frankfurt. En consecuencia, la selección debe ganar los tres partidos que quedan, empezando por el dobles de mañana, para no encontrarse peleando dos temporadas consecutivas por mantener la categoría. Por encima de todo, del sólido rival y las adversas circunstancias, La Armada tiene la historia en contra porque nunca ha remontado un 0-2 en una eliminatoria del Grupo Mundial.

“¡Torero! ¡Torero!”, canta la grada mientras se libra un pulso de museo. No hay dos puntos seguidos iguales. No hay dos golpes consecutivos construidos de la misma forma. Este es un partido de artistas, creadores sin límites, virtuosos de la raqueta. Mayer hace de todo: resta de rodillas, fabrica dejadas andando, golpea el revés saltando, sin ningún apoyo sobre el que asegurar el tiro, dibuja globos defensivos cargados de veneno… y ejecuta todo esa galería de recursos con una precisión impresionante mientras mezcla alturas, ritmos y direcciones. El número 29 del mundo, rey de los engaños porque esconde hasta el último momento sus intenciones con una peculiar empuñadura, juega un partido fantástico, lleno de trucos que en el circo serían vitoreados.

Feliciano le aguanta la mirada al encuentro mientras va disparando saques directos (acaba con 32) y revolviéndose en la red con elegantes y definitivas voleas. Tras perder la primera manga en el desempate, donde remonta desde 0-4 a 5-4 y acaba inclinándose, mantiene la cabeza fría. Durante tramos del segundo set, Mayer le obliga a renunciar a su idea de abrochar el encuentro asaltando la red porque cada subida es castigada con un globo que muere en el fondo de la pista o un pasante de derecha inalcanzable. Pese a eso, el toledano se procura la primera bola de break con 5-5, ve cómo el alemán la salva con un saque directo de segundo servicio y se encuentra en otro tie-break del que vuelve a salir derrotado, con una brecha demasiado grande en el marcador. Es en el tercer set, y tras 2h11m de partido, cuando Feliciano logra romper el saque de Mayer, arrolla a su rival llevándose ese parcial y sueña con una remontada mágica, un triunfo que sería tan importante como el de Mar del Plata en 2008 (derrotó a Del Potro) o el de Austin en 2011 (acabó con Fish), donde el número 26 brilló como la estrella fugaz en una noche oscura.

Con 1-2 en el cuarto set, el español anula dos bolas de break y se gira hacia el banquillo cerrando el puño. Psicológicamente impecable, López crece según pasan las horas y llega a tocar el cielo. Salva dos bolas de partido con 5-4 (¡qué segundo saque se atreve a disparar rozando los 200 kilómetros por hora!) e inmediatamente arrebata el servicio de Mayer y enseña los colmillos mientras cita a Mayer en el quinto set, territorio al que el alemán llega herido porque de energía no va sobrado, sufre en el tobillo y su hombro grita de dolor tras haber chocado contra el suelo intentando devolver un saque de su rival.

Mayer, sin embargo, arranca ese último parcial rompiendo el saque de Feliciano (dos dobles faltas consecutivas comete el español, esos dos detalles que acaban costándole el encuentro) y danza como un demonio mientras levanta bolas bajísimas, devuelve pelotas muertas y acelera hacia la victoria entre las heridas que sana con saques y decisión: sirviendo para cerrar el encuentro con 5-3 levanta un 0-30 decidido a buscar la victoria sin esperar que su rival le regale nada.

Y Feliciano que mira al infinito haciéndose cien preguntas a la vez. ¿Cómo puede ser Mayer el ganador del partido si la remontada, escrita con sudor y sangre, lleva su nombre? ¿Qué ha hecho mal para entregar el encuentro en el último suspiro? ¿Cómo va a pelear España ahora para levantar un 0-2, algo que nunca en la historia ha conseguido? La derrota, en efecto, deja a La Armada helada: sobrevivir a cada partido es el único camino para no pelear por mantener la categoría en septiembre.

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