Federer es historia

Javier Méndez desde la ciudad de Madrid

Hace mucho tiempo que Roger Federer se aseguró un espacio para siempre en la memoria de este deporte. Es patrimonio del tenis. Una leyenda para la eternidad. Y en esta edición del Abierto de Australia escribió un nuevo capítulo de una historia sin precedentes, de una vitrina que ya recoge 20 coronas de Grand Slam, algo que ningún hombre antes había logrado. Lo hizo en una final, donde por momentos demostró la fragilidad de cualquier otro mortal, para inclinar a Marin Cilic, el único capaz de arrebatarle algún set en Melbourne (6-2, 6-7, 6-3, 3-6, 6-1).

Pero como en cualquier cuento de hadas, el héroe tuvo que batallar contra dragones y fantasmas. Exponerse a corazón abierto contra sus miedos y complejos. Todo por conquistarla a ella: la corona de Australia. La sexta de su carrera en la Rod Laver Arena, tantas como Roy Emerson y Novak Djokovic, con quienes comparte hoy el privilegio de acumular más trofeos que nadie en el primer Grand Slam del curso.

El guion no defraudó. Cilic se vistió del más temido antihéroe, cuando pocos contaban con él. A golpe de martillazos (45 golpes ganadores) trató de desquebrajar la confianza del suizo. Y eso que el primer capítulo parecía sentenciar al balcánico. En sólo nueve minutos, Federer ya mandaba 3-0 con doble break. Por si fuera poco, la inmaculada puesta en escena del suizo con un 88,8% de éxito con su servicio se beneficiaba de unos errores del rival, que sólo podían explicar los nervios de una final ante el favorito al título.

Cilic despertó. Primero para amenazar el servicio del suizo con 1-0, 15/40, una advertencia de la que escapó el No. 2 del mundo, con un ace y una derecha ganadora celebrada con un atronador “¡C’mon!”. El croata blindó su servicio y llevó el set hasta un final de set en el que Federer fue diluyéndose entre errores y dobles faltas. Cilic se adjudicó el tie-break y con una manga para cada lado, la final daba un giro inesperado.

El suizo volvió a tomar el timón del partido y tras firmar un tercer set impecable (6-3), en el que un break bastó para marcar la distancia, parecía acariciar la victoria con un 3-1 en el cuarto parcial. De nuevo, el de Basilea se atragantó con su saque con un escaso 52% que Cilic aprovechó para romper en dos ocasiones. Habría quinto set.

Sin embargo, Federer apenas necesitó tres juegos más para demostrar a Cilic que iba a tener que hacer algo extraordinario para evitar lo imposible (3-0). Para entonces el destino estaba escrito y la corona tenía su propietario, el mismo que lo había hecho en 2004, 2006, 2007, 2010, 2017, también en 2018.

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