Djokovic reina antes de Londres

Esto es acariciar la gloria. David Ferrer sirve para ganar los dos sets de la final de París-Bercy a Novak Djokovic (5-4 y saque tiene en ambos parciales) y acaba perdiendo (5-7 y 5-7). La derrota, el tercer partido por el título consecutivo en el que se inclina tras Estocolmo y Valencia, séptimo de la temporada, escuece porque estuvo a una distancia de ocho puntos, los que le separaron de ganar dos saques que cambiaron el rumbo de los acontecimientos. El triunfo del serbio, que suma seis coronas en 2013, segundo Masters 1000 seguido tras Shanghái, mantiene viva la pelea por ver quién termina como número a final de temporada: ahora debe esperar a que Nadal no amarre dos victorias en la Copa de Maestros y él debe ganarlo todo para defender los 1500 puntos de la pasada edición y sumar en la final de la Copa Davis para volver al ático del ránking. Difícil combinación para un hombre entregado a misiones imposibles. Para empezar, antes del último esprint, un grito lanzado desde París que se escuchó en Londres.

Sobre la pista, 277 victorias. Djokovic y Ferrer, los jugadores con más triunfos en las dos últimas temporadas, se citan por el título del último Masters 1000 de la temporada cuando en Londres ya se escuchan los sonidos de la Copa de Maestros. Se entrenan Federer y Nadal mientras se decide el campeón de París porque el último torneo del año arranca mañana mismo, pero miran de reojo la cena de caníbales que tiene lugar bajo la bóveda de Bercy. Allí que aparece Djokovic tras ganar todos los partidos después de inclinarse en la final del Abierto de los Estados Unidos (16) y dejar preparada al mallorquín una alfombra roja hacia el número uno del mundo, lugar que ahora intenta recuperar. Allí que llega Ferrer, mil veces herido y otras tantas sanado, tras caer y levantarse en dos momentos cruciales del curso, recuperado el tono según la temporada se acerca al final del año, cuando la lógica indica que debería ser al revés.

Así sucede. Ferrer muerde, pero Nole compite con vidas infinitas. El número tres mundial saca para hacer suya la primera manga y proteger así el título alzado la pasada temporada. Cuando la bola vuela por primera vez en ese juego, cuando el español cierra la mandíbula para asestar el bocado definitivo, afilados los colmillos, pierde 16 de los 18 puntos que se disputan, entrega dos saques (con 5-4 y con 5-6) y cede la primera manga. Luego, como si nada hubiese pasado, escribiendo en un folio en blanco y no en uno emborronado, rompe el saque del serbio al inicio del segundo set y llega a tener dos bolas más para aumentar la ventaja (2-0 y 15-40) que no convierte, rematando entre malabares una pelota que cae muerta tras tocar la red. No obstante, el de Jávea sigue llevando el peso de la final. Como en el primer parcial, vuelve a tener 5-4 y saque para empatar el partido y que todo se decida al mejor de un set. En ese momento, nervios en la cuerda, cosquilleo en el estómago, vuelve a dejar escapar la positiva renta y calca los pasos del primer set: en consecuencia, cede dos servicios y entrega el partido.

El número tres del mundo, que tumbó ayer por cuarta vez a un número uno (tras Agassi, Djokovic y el propio Nadal en dos ocasiones), desarbola al número dos del mundo desde el ritmo que impone con su derecha, afilada bajo el techo de París. Sale en tromba y se lanza a por el partido sin complejos, buscando la victoria en el cuerpo a cuerpo. Djokovic, que observa a su rival revolotear por los vértices y elevarse para disparar, dirige sus preguntas hacia el revés de Ferrer, que traza líneas irregulares: así como deja momentos de gloria, sangra en los puntos de inflexión. Nole, un estratega a la altura de su figura, sobrevive durante varios tramos del partido variando ritmos y alturas hacia el flanco donde Ferrer se defiende a dos manos porque sus piernas no llegan para tapar ese agujero con la derecha.

Además, a diferencia del partido de semifinales, donde se aferra a la línea de fondo como el náufrago a la madera, Ferrer pega el 8% de las bolas dentro de la pista, cuando ante Nadal lo hizo en el 28% de las ocasiones. Pese a competir con esa desventaja, el alicantino mantiene encendida la llama del duelo en todo momento. Nunca deja de mirar a Nole, salvo en los dos momentos decisivos, cuando se cae tratando de saltar el abismo. Djokovic, un campeón de otra pasta, llega a Londres con una inercia ganadora envidiable. Ferrer, al abrigo del techo, aterriza en la cita igualmente recuperado. En grupos distintos, serbio y español no cruzarían como mínimo hasta las semifinales. En cualquier caso, la Copa de Maestros, que arranca mañana, empezó a disputarse durante la final de París. La guerra ahora se traslada a Londres, donde acaba todo.

  • Dani

    Ferrer se merece mucho mas

  • lola del castillo

    Ferrer se merece lo que tiene. No da para más . En la final se vió la diferencia entre un gran jugador y un grande. Ganó la semifinal a Nadal porque el mallorquín estaba muy cansado y sin chispa.

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