Carreño protege su candidatura en Nueva York

Javier Méndez desde la ciudad de Nueva York

Navegar por aguas inexploradas no es motivo suficiente para sembrar miedo en el capitán de un navío que ha tomado velocidad de crucero en Nueva York. No le tiembla el pulso, avanza firme en busca del mayor botín jamás alcanzado en su joven carrera y asume la responsabilidad de sentirse con el armamento suficiente para lograrlo. Ese capitán es Pablo Carreño, que sigue creciendo en Flushing Meadows, y su puerto de destino es la final del US Open. Pero aún restan algunas millas para arribar. De momento está en semifinales tras superar a Diego Schwartzman por 6-4, 6-4, 6-2.

Nunca había llegado tan lejos en un escenario de Grand Slam. El asturiano contaba con la experiencia de los cuartos de final en Roland Garros, el último gran escenario que había pisado antes de lesionarse el abdominal precisamente en aquella ronda frente a Rafael Nadal. En la primera oportunidad que le presentó el destino para sacarse la espina, no dudó en aprovecharla sobre la pista dura estadounidense (no pudo participar en Wimbledon debido a la lesión).

Asumiendo su condición de favorito, ha ido encarando un cuadro despejado de cabezas de serie. Por primera vez en la historia un jugador se medía a cuatro rivales procedentes de la fase previa: Evan King, Cameron Norrie, Nicolas Mahut y Denis Shapovalov. Todos se inclinaron sin poder arrebatarle un solo set al asturiano. En cuartos de final, su víctima fue el No. 33 del mundo Schwartzman. Ambos jugaban por ascender hasta la cota más alta de su carrera en los Grand Slam, y la balanza se decantó del lado de Carreño.

Lo hizo desde el juego inicial. Desde que el español cerró en blanco el primero de los seis breaks que firmó durante todo el partido. Se agarró a los mismos argumentos que le situaron entre los ocho mejores del torneo: tenis-porcentaje, derecha agresiva, revés sólido, saque regular y una muñeca de seda. Carreño cambia direcciones y altura, ángulos y potencia. Juega con el rival a su antojo. A pesar de que el argentino, que superó sus problemas en el aductor para llegar a tiempo a la cita, fuese un correcaminos al otro lado de la red.

A pesar de que el No. 19 del mundo no pudo cerrar la primera manga cuando sacaba con 5-2, en el único momento de dudas de todo el encuentro, lo hizo a la siguiente oportunidad que se le presentó para dejar el marcador en 6-4. “Pablo es un tío que nunca falla”, aseguraba su entrenador Samuel López en la previa del encuentro ante Schwartzman. Y acertó con su pronóstico. Carreño levanto un muro sobre los hombros, una fortaleza mental en el set que decantaría el partido de su lado.

El español estaba contra las cuerdas. El argentino, sin presión y en estado de gracia colocando la pelota con facilidad a cada esquina, se escapó 0-40 cuando dominaba 3-4 en la segunda manga. Fue una prueba de fuego para Carreño. Resistió a la magia del argentino desde el fondo, corriendo a cada lado, pensando únicamente en la siguiente bola. Así en cada uno de los cinco puntos que enlazó para levantar aquel juego (4-4). Fue un mazazo en la confianza del bonaerense. De inmediato, Carreño rompió el servicio de su rival para cerrar el set con su saque.

Para entonces el español ya había acelerado hacia semifinales. Un nuevo break en el primer juego del tercer set le dejaba prácticamente vía libre hacia la victoria. A pesar de que Schwartzman trató de agarrase al partido, Carreño protegió su candidatura en Nueva York.

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