Carla sobrevive a Zakopalova

Rafael Plaza desde la ciudad de Sevilla

Eso es presión saliendo a borbotones. Carácter de ganadora. Orgullo de animal herido. El grito de Carla Suárez bajo los rayos del sol tiene un significado especial: tras remontar 1-6, 6-3 y 6-3 a Klara Zakopalova, España queda a un solo punto de derrotar a la República Checa y estar en las semifinales de Copa Federación, que serían contra Italia y en casa el próximo mes de abril. La número 17 del mundo debe escalar una montaña para no dejar a La Armada en una situación crítica: la jugadora que abandona triunfa la pista es una completamente diferente a la que aterriza justo después de que Tita Torró entregue el segundo punto de la serie.

Carla arma un intercambio bueno por cada cinco malos. Esa línea irregular le cuesta un susto. La número uno española no gana un solo saque en el set inaugural. Pierde 12 de los 15 puntos que disputa con su primer servicio y todos (5) con el segundo. Y el primer parcial se le escapa en un suspiro de 27 minutos. Grita la checa, toda una competidora de manos rápidas, mientras sueña con liderar la victoria de su país en Sevilla, donde no está Kvitova, la número seis y excampeona de Wimbledon, y Safarova, la otra líder natural del equipo, se recupera de las consecuencias del virus que le impidió entrenarse durante la semana, no formó parte de los dos primeros individuales y saltó a pista a continuación para pelear el cuarto punto de la serie contra Silvia Soler.

A diferencia de Torró, que en su envergadura (1,77m) y en su derecha encuentra dos vías directas para desbordar a la checa sin medianías, la canaria necesita desmenuzar los peloteos, hacerle preguntas a Zakopalova hasta que se quede sin respuestas, cansada del interrogatorio. ¿Cuántas bolas más con peso estás dispuesta a devolver? ¿Cómo vas a reaccionar si no te abro la pista y te niego los ángulos? ¿Qué soluciones planteas para defender los cambios de alturas y ritmos? ¿Cuándo acabarás perdiendo la paciencia?

Durante buena parte del encuentro, Zakopalova encierra a la número 17 del mundo en el lado del revés. No quiere que la derecha de Carla marque el ritmo del partido. Huyendo de ese golpe como la gacela escapa del fuego, la checa se obliga a ir al límite moviéndose de costado a costado. Ella, que termina el encuentro con cinco sets en cuatro horas, acaba agotada, sin energías. La española, por supuesto, tiene mucho que ver en eso.

En desventaja, Carla toma decisiones inteligentes. De no meter una bola en pista pasa a cocinar las piernas de la número 33 en debates eternos que nacen y mueren en el fondo de la pista conjugados en alturas, efectos y ritmos. A Zakopalova le interesa jugar rápido, ganarle tiempo al reloj. A Carla todo lo contrario. Mientras más se estire el partido, mientras más bolas crucen la red, más se acerca a su segunda victoria del cruce ante las siete veces campeonas, cumpliendo con su condición de número uno.

Que se enfade después de estrellar en la red una sencilla volea explica cuánto le importa el partido, a cuánta tensión ha sido expuesta durante la semana, qué significa representar a España. Que aúlle cuando gana confirma su compromiso con el equipo. Carla, que deberá disputar el dobles si Safarova gana el cuarto punto, es un seguro en constante evolución.

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