Carla roza el cielo

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Es la historia de cada semana y es una historia sin aparente freno. Cuando Carla Suárez remonta ante Petra Kvitova (3-6, 6-0 y 6-3), se mete en las semifinales del Premier de Doha -enfrentará a la checa Lucie Safarova- y vuelve a centrar miradas sobre su cuerpo deja sobre la pista un reguero de marcas que ilustran su crecimiento. Cuando febrero descuenta sus últimas horas, la canaria ya ha redoblado sus esfuerzos en el calendario. Porque el triunfo sobre la checa supone la tercera victoria del año sobre una de las 10 mejores, tantas como logró en todo el curso anterior. Batir de nuevo a la número cuatro, a quien ya superó en Dubái, significa tumbar a una top-5 dos semanas seguidas, algo inédito en su trayectoria. También, pisar su segunda semifinal de 2015, las mismas que alcanzó en cemento la pasada campaña, la mejor de su carrera deportiva. Y, mirando un poco más allá, ponerse a un paso de la final en el emirato supone rozar con las yemas uno de los diez primeros puestos, acariciar en los albores del curso un objetivo marcado para el año completo.

Antes de llegar allí, sin embargo, Carla tuvo que detener un tren en marcha. Porque la checa, toda una doble campeona de Wimbledon, primera cabeza de serie y reina en la edición de 2013, abrió el encuentro a puro golpazo, sin mirar atrás antes de hacer daño. La checa domó las ventoleras que removían la pista con un plan rectilíneo, partir la pelota sin preguntar primero. Así hiló los ocho primeros puntos del encuentro, abriendo una brecha que no encontró sutura. Así se elevó hasta la cinta, limpia en los primeros compases (siete aciertos en ocho intento en apenas cinco juegos) y así intimidó a Suárez, incapaz en el arranque de cambiar direcciones ni moverle el cuerpo.

“Ella está muy metida dentro de la pista” advirtió Marc Casabó, alertando a Suárez sobre una Kvitova con la pólvora al rojo vivo, capaz de agujerear a la canaria con 13 golpes ganados en nueve juegos. “¡Me está quitando mucho tiempo!”, responde una Carla agobiada, que apenas dispara uno en todo el parcial. “Hay una parte que depende de ti y que tenemos que cambiar. Tenemos que estar tranquilos. Con el margen de mejora que hemos tenido en este tiempo estamos 3-3. Tenemos que creerlo”, siguió. “Tenemos que ser más agresivos. Que su derecha corra depende de que ella tire pero también de cómo nosotros pongamos la pelota. Nos falta nervio en la derecha, que nuestro servicio resbale un poco más. Hemos empezado 3-0 y ahora estamos 3-3. El partido está totalmente igualado”.

La charla sostuvo la tranquilidad de Suárez, con una facilidad renovada para evitar acelerones y virar encuentros. Tirando con convencimiento, demostrando ese carácter con el que 2015 le ha visto remontar más que nadie, porque ninguna otra levantó ya seis encuentros. La canaria comenzó a abrir la pista, evitando el impacto en estático de Petra, uno de los momentos más devastadores del tenis femenino. La checa, a la carrera, fue perdiendo metros y el esquema se le vino encima como un castillo de naipes expuesto al viento. Donde hubo fuego se abrió paso el hielo. Kvitova, una jugadora a la que se le caen los winners, apenas pudo conectar un golpe ganador en el segundo parcial, incomodada en cada impacto por no tener los pies quietos. Carla le hurgó en el revés, el menos imponente de sus flancos y, llegando a lograr cinco quiebres seguidos, le acosó una y otra vez desde el resto.

En ese baile de trayectorias, Petra fue perdiendo metros. Una sentencia para quien vive de golpear primero. Si en el set de apertura gobernó a las bravas, con  el 57% de sus tiros metida en pista, en las últimas dos mangas apenas el 35% de los golpes la encontraron con el cuerpo dentro. Un margen creado y explotado por Suárez, que llegó a hilar hasta 10 juegos (del 3-6 al 3-6 6-0 y 4-0) sobre la cuarta raqueta del mundo. Petra colapsó y al despertase se encontró con un hilo de encuentro. Aun así levantó dos roturas en un momento, convirtiendo una sentencia en un partido abierto (4-3) y demostrando que pocas como ella pasan del blanco al negro.

“El set ha vuelto a cambiar”, recordó Casabó a Suárez, tras ver cómo Petra resurge, tan pronto entrega 10 juegos sin ver la pista como enlaza tres consecutivos sin fallar un golpeo. “Si ahora requiere que haya más lucha, porque no tengamos tanta facilidad de tiro o definición, lo hacemos. Si te adaptas a lo que pide el set, podrás volver a tener opciones. Pero no podrás esperar al fallo. Las situaciones del juego ahora no son tan cortas ni tan claras. La agresividad no la podemos bajar, pero si te adaptas a las situaciones del juego, tú estás dentro”.

Suárez, que crece con cada impacto, no pestañeó cuando volvió a cambiar el viento. A diferencia de 2014, donde partidos controlados se convirtieron en pesadilla, recompuso el interior y no entregó un sólo juego hasta cerrar el encuentro.. Es la madurez del que antepone la rutina al calor del momento. Todo un símbolo de crecimiento. Carla, que buscará en Doha la final de pista dura más grande de su carrera, aprobó una asignatura no siempre estudiada: olvidar la anterior pelota y responder al momento.

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