Benny y Doud se coronan en Roland Garros

José Izquierdo desde la ciudad de Madrid

La copa Jacques Brugnon se queda en casa por primera vez en treinta años. “Lo conseguimos, Edouard, hemos ganado el Roland”, le dice un emocionado Benneteau a Roger-Vasselin mientras responde a las preguntas de la prensa a pie de pista. El veterano tenista galo, que cumplirá 33 años el próximo mes de octubre, se quita con este título de Grand Slam la espinita que se le presupone al no haber podido inaugurar su palmarés individual después de nueve finales disputadas. La de hoy, aunque fuese en la modalidad de dobles, se jugó como deben jugarse este tipo de partidos: con concentración, garra y con la convicción de que se ganaba el encuentro.

Edouard, o Doud, como le llaman sus amigos, llevó a su compañero Julien en volandas hacia el trofeo de campeones de dobles de Roland Garros. Bajo la atenta mirada de su padre -semifinalista en categoría individual en 1983- Roger Vasselin fue el líder que todo gran tándem necesita. Solvente al servicio, inexpugnable en la media pista, y capaz de pasar en la red a un jugador de la envergadura de Granollers. Incisivo al resto, ese revés tan característico de la escuela francesa fue una mina de puntos para el combinado galo. Los españoles, que estiraron el encuentro hasta el tie-break del segundo parcial, acabaron sucumbiendo a pesar de no perderle la cara a un partido que en ningún momento tuvieron controlado.

30 años después, una pareja francesa ganó Roland Garros

Leconte y Noah ganaron en 1984, treinta años después lo hacen Benneteau y Roger Vasselin, que cuajaron el mejor partido del torneo en la final. Si en semifinales se deshicieron de Golubev y Groth con más corazón que tenis, en el encuentro por el título la imagen que dieron fue muy distinta. Atacar las debilidades del oponente es clave en un juego tan dinámico como el dobles y los franceses saltaron a pista con la lección bien aprendida. Intensidad desde el primer punto para poner presión y sobre todo acorralar con restos profundos cuando Marc López, el más débil de los españoles al servicio, tuviese que sacar.

Las lágrimas del presidente de la Federación Francesa de Tenis, Jean Gachassin, nos hacen entender rápidamente lo importante que era para Francia tener a uno de los suyos alzando un título en Roland Garros. La entrega de trofeos finalizó con el himno local, cantado de forma espontánea por el público presente y la pareja ganadora. La Philippe Chatrier hermanada alentando a los suyos. Un tenista veterano acostumbrado al amargo sabor de la derrota en las finales ahora sonríe y llora de alegría. Otro jugador, en plena madurez, consigue darle la gran alegría de su vida a su propio padre. Francia es una fiesta porque fin los suyos ganan. Ya era hora.

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