Bencic se descubre

Álvaro Rama desde la ciudad de Madrid

Una irrupción para recordar. A sus 18 años y cinco meses Belinda Bencic coronó el Premier 5 de Toronto tras culminar un partido de tensión y crudeza física ante Simona Halep (retirada con lesión aparente en su pierna izquierda cuando el encuentro marcaba el 7-6(5) 6-7(4) 3-0), un esfuerzo que puso el broche a un torneo de ensueño, donde la emergente figura helvética, la más joven del top50, plantó cara a los primeros nombres del vestuario hasta tocar la copa y auparse a la posición número 12 del ranking. Ello, tras coronar una semana de impresión en la que apartó a perfiles como Serena Williams, Simona Halep, Caroline Wozniacki o Ana Ivanovic. Es decir, victorias construidas sobre las número 1, 3, 5 y 6 del mundo, algo que puede requerir carreras enteras, en apenas un puñado de horas. El esfuerzo tiene su peso por su propia rareza en un circuito donde el espacio para los jóvenes es cada vez más limitado: ninguna jugadora ganaba un título de tal calibre en el circuito femenino desde que María Sharapova, con 17 años y nueve meses, tomara el torneo de Tokio en la temporada 2005.

La final fue un choque donde se impuso la tensión y la capacidad para elaborar jugada por encima de un juego lineal y sin miramientos, con gran precisión con el revés para abrir la pista. Dos jugadoras con excepcional movilidad, que compiten con neurona para ver más allá de la pura fuerza ofrecieron un encuentro errático (24 winners y 44 imprecisiones firmó Bencic, con 33 golpes ganadores y 55 errores no forzados terminó Halep el encuentro), con un desgaste constante sobre el servicio -hasta 31 opciones de rotura y 16 quiebres se sucedieron- y puntos cocinados desde el fondo de pista como patrón dominante.

Con cinco quiebres consecutivos para abrir la final, fue Bencic la primera en asestar un golpe al encuentro, manejando la misión de asimilar un triunfo sobre Serena Williams la noche anterior y buscar una copa de prestigio ante la tercera jugadora del mundo. La tensión del escenario y el propio nervio de la rumana, tan justa físicamente como dotada de experiencia, convirtió la final en una ida y vuelta imprevisible. Del 4-2 para Bencic se pasó al 4-5 para Halep, que se golpeó los muslos, desgañitada a gritos por la tensión del encuentro. La rumana, que fue atendida en su pierna izquierda antes de llegar al tiebreak, sobrevivió sobre el cemento y a punto estuvo de virar a su favor una manga enrededa. Simona dominó por 4-1 una muerte súbita que terminó entregando entre unos nervios de impresión ante la adolescente.

La inercia del partido pareció terminar de soltar a Bencic, capaz de abrir una brecha de 2-0 al abrir el segundo parcial. A partir de este momento, el encuentro fue una suerte de supervivencia para Halep, atendida en repetidas ocasiones en su pierna izquierda, con visitas al vestuario entre mangas para enfado de la suiza, y una movilidad claramente mermada para ganar un partido a jugar desde la trinchera del fondo.  Hasta en tres veces recuperó la de Constanza una rotura en contra, llegando a restar incluso para mantenerse en el partido (5-3). La tensión creció por momentos y pareció llevarse la cabeza de Bencic, que lanzó su raqueta contra el cemento cuando perdió su servicio en el undécimo juego, el que dejaba a Halep sirviendo para igualar el encuentro. Pese a llegar al tiebreak, la experiencia de Halep se impuso, con el cuerpo doblado por un esfuerzo agónico hasta llevar el partido al tercer set.

Su imagen en la silla, con el rostro enrojecido y claros síntomas de fatiga, mostró el vacío presente en la rumana, que apenas pudo aguantar -y perder- tres juegos del último parcial antes de sacar la bandera blanca.

En Toronto, bajo la atenta mirada de Martina Hingis y jugados de igual a igual con la plana mayor del circuito, un nombre de futuro bien marcado en el presente: con 18 años, una edad donde la mayoría todavía pule intenciones, la irrupción de Bencic a ojos de todos.

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