Andújar toma el Ágora

Álvaro Rama desde la ciudad de Valencia

Un gran revuelo al abrigo del Ágora. Pablo Andújar despidió a Tomas Berdych (6-3 6-2), el segundo favorito del torneo y uno de los pocos hombres que pelean por entrar en la Copa de Maestros, ese evento que motivó su invitación en Valencia y que queda reservado para los más fuertes del mundo. El conquense, que voló a apenas kilómetros de su base de entrenamientos, con el aliento de familiares y amigos en el cogote, consideró haber logrado la mejor victoria a cubierto de su carrera y sin dudarlo la más especial de todo el año. El español, el mismo que había etiquetado de oportunidad el desafío lanzado al celebrarse el cuadro, tras encontrarse una bomba en las manos antes de romper a sudar, respondió con creces con la pelota en juego. Fue una demostración de poderío para un tenista maduro, que en 2014 talló el tesón de sus piernas -entrado octubre equilibra triunfos y fracasos, algo nunca logrado- y un creciente desdén hacia los grandes, mirando de frente a los elegidos.

“Creo que fue clave fallar muy poco, tratar de estar muy sólido durante todo el partido. He estado valiente” expuso Andújar después de trazar un partido limpio (menos de 10 errores no forzados), sin brechas sobre su servicio (salvó las tres opciones de rotura encaradas) y culminar la mayor dentellada contra la élite de su carrera (jamás había inclinado a un jugador con ranking tan elevado). “Es un jugador que, obviamente, tiene un gran nivel, pero también venía un poco cansado” explicó Andújar sobre su rival, de los pocos que compitieron en las últimas tres semanas y con las piernas aún humeantes tras cazar el título en Estocolmo. “Yo sabía que si estaba sólido todo el rato, durante todos los puntos, en cada juego, él podía acusar un poco ese cansancio y venirse abajo. Creo que eso ha pasado. A mí me ha dado alas, y entonces es ahí cuando yo me he despegado en el marcador” siguió el conquense, tras reducir a meros cinco juegos al número seis mundial.

Mantener la serenidad como arma para encarrilar el encuentro. Una discusión sobre una pelota dudosa con 6-3 2-2 pudo empujar de la pista al español. Sin embargo, respondió con galones de hombre curtido. “Intenté estar tranquilo. Olvidarme completamente de todo”. Un juez de línea consideró aterrizada en el pasillo de dobles una pelota de Berdych que, en realidad, besó la línea por milímetros. Pablo colocó la bola en el clavo pero el silla entendió que el conquense no tenía opciones de poner la pelota al otro lado de la red. “Creo que fue una decisión injusta” subrayó. “No obstante, intenté evadirme y jugar el siguiente punto. En el tenis pasa eso. Es punto tras punto. Si te pasa eso corres el riesgo de ir perdiendo el juego”. Tras la algarabía, una voluntad de gigante porque, lejos de abandonarse, Andújar levantó un 15-40 que despedía hedor a punto de inflexión y no volvió a perdonar un juego en todo el partido. “Pude colocar dos buenos primeros saques. Creo que ahí estuvo la clave de ese segundo set” cerró tras gestionar con frialdad lo que pudo desatar tiritonas.

“Creo que la madurez es un grado” dijo Andújar sobre una temporada donde llegó a tener pelota de partido ante Rafael Nadal (Río de Janeiro) y lideró un primer parcial al escocés Andy Murray (Acapulco). “Poco a poco me voy haciendo mayor, me voy asentando en el circuito, sigo estando entre los 50 primeros. Es algo importante para uno. Eso también me hace creer un poco más en mí” explicó. “Creo que ésa es la clave del juego, la que permite mejorar ciertas cosas. Tratas de mejorar día a día, pero al final esa experiencia y ese convencimiento es muy importante. En Gstaad, He hecho partidos bastante buenos este año” continuó el conquense, que situó el encuentro ante Berdych como el tercero en la escala de 2014, sólo por detrás de las refriegas ante balear y escocés. “Éste, sin duda, es un ejemplo”.

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