Como jugador no he coincidido con ellos, ya me hubiese gustado. Si hablo como tenista, han sido una serie de duelos que han creado muchísima afición. Es más, recuerdo el primer año de Federer como número uno del mundo que decíamos: “mira, un número uno al que no conoce nadie”. Llegó a la cima del ránking, le conocía todo el mundo dentro del circuito, pero fuera del tenis no tenía demasiado carisma. Apareció entonces Nadal y empujó al aficionado a sentarse frente al televisor. Eso ha sido muy importante en la rivalidad de ellos, gracias a la entrada de Rafa y gracias a la clase de Roger. Son dos jugadores totalmente opuestos, no tienen nada que ver uno con otro, y eso también ha hecho que la gente se enganche más y exista esa rivalidad en la propia grada. Gente que va con uno porque tiene mucha sangre, es muy exagerado y se deja la vida, y gente que va con el otro porque es un tenista con clase que no suda.

Durante los años, Rafa se le va metiendo en la cabeza poco a poco. En el primer enfrentamiento, cuando Nadal le gana en Miami estando el 34 del mundo, por ejemplo. En pista rápida y siendo un jugador totalmente de tierra batida. Hoy en día, Nadal ya es un jugador de rápida y de hierba también, pero entonces era 100% de arcilla por el estilo de juego y porque los resultados le habían llegado en esa superficie. Y en Miami le gana.

Federer tiene un problema con los jugadores que le ganan en los tres o cuatro primeros enfrentamientos. Sufre mucho. Le pasó con Cañas en el pasado o ahora con Nishikori. Rafa le ganó la primera y después varias veces más. Para mí, Nadal es un grano en el culo en la carrera de Federer. Lo escribo como lo pienso. Son dos jugadores que fuera de la pista se han llevado bien, con una buena relación, pero llega un punto en aquella final de Australia [2009], en la que Federer ve amenazados sus récords… y se pone a llorar. No lo puede evitar. No puede esperar a llegar al vestuario. No puede esperar a llegar al hotel con su familia. Es algo que le sale de dentro y no puede controlar. Eso explica la tensión y presión que le ha creado Nadal desde el primer día que juegan.

El suizo se obsesiona con que no puede y no puede. Es así de especial para unas cosas y así de especial para otras. Él habría roto moldes si no llega a aparecer Nadal. Roto moldes de veintitantos torneos del Grand Slam. Ese Wimbledon de 2008, la final de Australia 2009 a la que Rafa llegaba muerto tras jugar cinco horas con Verdasco en semifinales… son muchas veces. A nivel mental todo esto le ha pasado factura a Roger. Ha sido como una lesión. Igual que Nadal tiene la rodilla, Rafa ha sido una lesión para la cabeza de Federer bajo mi punto de vista como jugador y comentarista. Un ejemplo. A Federer, cuando le duele algo, no entra a la pista para evitar retirarse. Él entra para jugar porque no quiere retirarse jamás. En Roma, durante la final del año pasado, en el sorteo ve a Nadal tras la red, luego percibe el golpe liftado de Rafa y ya está, desaparece. Se acabó. Es una lesión a nivel psicológico. Las lesiones mentales vienen por algo y Nadal es una en la cabeza y en la carrera de Federer.

Como comentarista, es difícil vivir esos Nadal-Federer, pero tampoco he escondido en mi forma de comentar que quizás voy con Rafa. Cuando juegan Barcelona y Manchester United, voy con el Barcelona. Lo veo así. Estoy retransmitiendo para España, no para todo el mundo, pero trato de no ofender a nadie, obviamente. Soy pro-Nadal y pro-Federer. ¿Qué sucede? Que tengo relación con Rafa desde los 14 años y también con su familia. Siempre se han portado muy conmigo, es español todo eso hace inevitable que siempre quiera que gane Rafa. Pero también tengo debilidad por Federer. Para empezar, me parece un tío muy majo, por todas las veces que me he podido cruzar con él. Quiero que gana Federer porque quiero volver a verle el día siguiente en la pista. Es algo inevitable. Solo hay veces que me saca de quicio.

No se me ve cuando retransmito. De ser así, el espectador vería muchas cosas que no transmito con las palabras. El caso de Nishikori, en cuartos de Miami. Está jugando a buen nivel. Gana set y break arriba y de repente desaparece. Es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención en Federer. ¿Cómo es posible que un tío tan bueno haga eso? Por débil que sea de cabeza, su debilidad está por encima de mi momento más fuerte. Es lo único que no me gusta y me saca un poco de quicio. No se lo debería permitir. Me enfado, pero me enfado porque tengo debilidad por él, quiero que gane y es buenísimo para el tenis que haya jugadores como Roger. La rivalidad de los dos ha aportado mucho a la educación deportiva de los niños.

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