He coincidido con tres generaciones diferentes jugando la Copa Federación. En la primera etapa, yo iba para llevar las toallas. Era joven y el resto indiscutibles. Lo mío era coger experiencia. María Antonia Sánchez y Magui Serna tenían mejor ránking. Y Vivi Ruano jugaba muy bien el dobles. Recuerdo que estuve con Conchita Martínez en una eliminatoria en Tarragona. Fue una de las últimas series que jugó ella y en el equipo estábamos Magui, Vivi y yo. En ese ciclo inaugural también estuvo Marta Marrero.

La verdad es que no hay demasiada diferencia entre la Conchita jugadora y la que esa ahora capitana. El carácter es el mismo jugando que entrenando. Es muy perfeccionista y trabajadora. Es bastante atenta. Quiere estar siempre muy segura de cada paso que da. Y cuando jugaba era exactamente igual: quería tenerlo todo perfecto, las rutinas, los entrenamientos… absolutamente todo bajo control. Así sigue siendo ahora.

Luego, viví los años de mi generación. Ahí estaban Nuria Llagostera, María José Martínez, Lourdes Domínguez e incluso Carla Suárez. En esa etapa, que duró seis o siete temporadas, iba siempre como número uno porque era la primera jugadora del ránking en España. Recuerdo una eliminatoria muy emocionante contra Argentina en 2005, que ganamos en el dobles. Era domingo y mucha gente lo siguió por televisión. Cuando ganamos, nos felicitaron porque la serie había sido muy emocionante. He vivido dos momentos malos, que son el descenso de Lleida ante Serbia y el del año pasado en Barcelona, cuando perdimos contra Polonia en el dobles decisivo

Y ahora he enlazado con las más jóvenes, que son Garbiñe, Lara y Tita. Lo estoy viviendo como el relevo, desde una posición más madura. Y solo jugando el dobles, claro. Soy un poco la madre de todas: tengo 12 años más que Garbiñe y sin embargo compartimos equipo. Cada momento ha sido único, pero todos son especiales. Y tengo la suerte de poder seguir viviéndolos en el tramo final de mi carrera.

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