No sentía nada. Me notaba totalmente normal. Me encontraba bien. Hasta que me dicen que tengo mononucleosis. Entonces la cabeza te da vueltas. Y recuerdas.

Contra Karatantcheva en primera ronda de Indian Wells terminé literalmente destrozada. “Nunca he estado tan rota físicamente en mi vida”, le dije a Albert Torras, mi entrenador. Pero después me recuperé y al día siguiente estaba bien, así que tampoco le di mucha importancia. En Katowice me hacían una dejada y me costaba muchísimo arrancar. Era imposible llegar, y eso que algunas eran como globos. Y yo decía “qué lenta estoy”. De reacción, de rapidez y de todo.

Entrenado mi equipo también lo había notado. Había estado en Barcelona con Albert y con Àlex Corretja y me decían “te hacíamos algunos ejercicios y te notábamos muy pesada”. Pero claro, todo esto lo pensamos cuando me confirmaron que sufría mononucleosis. Hasta entonces era imposible sospechar que tenía algo.



Me lo descubrieron en una revisión rutinaria. En el Centro de Alto Rendimiento nos suelen controlar cada pocos meses. Me habían hecho una revisión en pretemporada y me hicieron otra en marzo. Mis valores sanguíneos salieron un poco alterados, pero había pasado unas anginas en Miami y pensaron que era por eso. Dejamos pasar dos semanas antes de repetir los análisis y me fui a jugar a Polonia. Al volver me tocaba la Copa Federación, pero me salté el entreno de la mañana para hacerme nuevos análisis.

Fui a la consulta y en mitad de las pruebas me desmayé. Yo, que nunca me había desmayado haciéndome un análisis de sangre. Pero bueno, tampoco iba a preocuparme por un pequeño mareo. Cuando me recuperé me fui a comer con el resto de compañeros y subí a mi habitación. Estaba descansando y me llamó Conchita. Estaba reunida con mi entrenador y con todo el equipo técnico, incluido Albert Costa, y quería que bajase. Ahí es cuando me asusté. Sabía que los análisis no habían ido bien.

“Seguramente tienes mononucleosis, pero tenemos que asegurarnos y vamos a hacerte más pruebas”. Se confirmó el diagnóstico y estuve dos meses parada. Yo al principio pensaba “paso esto y después vuelvo a empezar normal, y ya está”. Pero en realidad fueron dos meses sin hacer absolutamente nada. Después empecé muy poco a poco, muy progresivo. No podíamos ni queríamos arriesgarnos a recaer.

Empecé a jugar y los primeros torneos fueron un desastre. Mas allá del juego, físicamente no podía. Estaba fatal. Y luego cuando físicamente estaba bien, de juego no me encontraba cómoda. Hasta que poco a poco he ido cogiendo todo y me he sentido bien, ha pasado mucho tiempo. Al final han sido siete meses que me he perdido de temporada. Por la dichosa mononucleosis.

  • lola del castillo

    Alguin pude expicar los motivos de que tantos tenistas pillen mononuclesis. Me da la impresión que la incidencia en este colectivo es altísima , y no le veo la razón.

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