Nada más llegar a Medellín los primeros días de entrenamiento fueron como para echarse a llorar. Tocábamos bolas que acababan en la valla. Lo único que me tranquilizaba es que a las contrarias les ocurría prácticamente lo mismo, pero ni eso me quitaba las ganas de empotrar la raqueta contra la verja. Una vez que se sorteó el cuadro final, me tocó en primera ronda una wildcard (Anna Katalina Alzate) que superé sin problemas. Pero lo cierto es que los partidos eran complicados, porque además que el nivel de las rivales aumentaba, yo llegaba con el drama en la cabeza de haber entrenado unas semanas muy bien en Barcelona para ver luego cómo en Colombia no era capaz de meter una pelota. Le decía a Albert (Torras): “¡Con lo bien que estaba jugando! ¡Ahora esta mierda, que no meto una pelota!”. Así que derivó en partidos dramáticos.

En primera ronda gané bastante fácil, pero después contra Sofia Shapatava fue bastante duro, aunque es cierto que a ella también le costaba. En el siguiente partido perdí el primer set contra Verónica Cepede en cuartos de final y desde el segundo set en adelante empecé a repetir una y otra vez el saque-volea. Cada punto (incluso algunos con segundo saque). Gané aquella manga 6-1. Acabé perdiendo el partido, pero el resto de jugadoras que habían visto el partido me llamaban Rafter. Les entraba la risa. Una vez que concluyó el partido, esa misma noche cogí un vuelo destino a Bogotá y al día siguiente en el mismo turno ya estaba jugando el WTA.

No me dio tiempo más que calentar con Laura Pous, que estaba en la misma situación que yo, y de ahí fuimos al partido. Sólo en el peloteo ya se notaba la diferencia (en Bogotá hay mucha más altura pero se juega con bolas pinchadas). Estaba más cómoda, aunque hubiese más altitud. En Medellín iban como balines. Empecé jugando bien. El partido más tenso fue el de segunda de qualy, porque aún no estaba tan bien, notaba la tensión. Acabé con la espalda destrozada. En la última de previa me tocó otra vez Shapatava y nos fuimos a tres sets. Pero jugué mucho mejor. En el cuadro final me volvió a tocar una wildcard (María Herazo), que estuvo bastante nerviosa. En segunda ronda me tocó Paula Ormaechea. Fue un buen partido por ambas partes. Y, finalmente, en cuartos de final contra Jelena Jankovic tuve mis opciones pero no acabé de terminar la faena.

Lo mejor ha sido que en el dobles con Caroline García hemos jugado muy bien. Cada vez que sacaba ella, había juegos en los que no tenía ni que tocar la bola, porque con su servicio no podían restar. Y si lo hacían yo sólo tenía que poner la raqueta. Era la primera vez que jugábamos juntas y levantamos nuestro primer título. Fue una gran experiencia y me encontré muy cómoda. Como anécdota diré que en este dobles he fallado las bolas más fáciles de mi vida. No exagero. Una fue en segunda ronda ante Begu/ Irigoyen. Teníamos match point. Saca Caroline y a un palmo de la red, una volea de derecha la tiré fuera. Irigoyen se reía porque no se lo podía creer. Eso sí, en el siguiente juego ganamos el partido.

En el siguiente encuentro contra Domínguez/ Parra disponíamos de un punto de oro, servía Caroline, le restan como pueden, bola fácil pero me ocurrió como a Djokovic contra Murray en Miami. Superé la red con la raqueta. Y  la silla gritó: “¡Fault shot!”. Yo respondí: “¿Cómo que Fault shot? ¿Eso qué es?”. “Has pasado la raqueta de la red y has tocado la bola en el otro campo”. No me lo podía creer.

Finalmente otra curiosidad. Con Caroline hablábamos en español, inglés y francés. Era un caos. Eso sí, las celebraciones de los grandes puntos iban con nuestro grito de guerra: “¡Vamos!”.

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