Hace 298 días que inicié la temporada 2013. Con el regusto de la Navidad aún por digerir, el 26 de Diciembre 2012 embarqué en el primer vuelo destino Perth. Hoy, 19 de Octubre 2013, vuelvo a casa, una vez las jugadoras con las que tengo el placer de trabajar han dado por finalizada la temporada. Entre medias, 298 días repartidos en 27 ciudades diferentes, abarcando los cinco continentes. Innumerables aviones, escalas, esperas, traslados… Porque el mundo del tenis de élite no es, como casi nada, lo que parece.

Me hace cierta gracia cuando los Goliat del deporte, los equipos de fútbol, se quejan de tener 2 ó 3 partidos en 7 días. “Tendrán un viaje durísimo hasta Moscú”, he llegado al leer en alguna ocasión en periódicos deportivos. Plantillas de 23 jugadores ven “durísimo” competir durante 90 minutos, con un mínimo de dos días de descanso entre partidos, viajes en vuelos charter y asientos business. ¿Viaje durísimo? Duro es irte a Australia – más de 24 horas de viaje -, a los quince días volver para estar en casa 6-7 días e irte más de un mes a América. Duro es volver de tres o cuatro torneos en Estados Unidos y en menos de una semana estar compitiendo en Asia. Los tenistas de élite viajan cada semana a países diferentes, con los correspondientes cambios horarios – y las consecuencias de los mismos-, sin apenas margen de adaptación al horario, la pista o las bolas, y con la obligación de competir – individualmente – durante tanto tiempo como dure su partido, tantos días como partidos sean capaces de ganar.

Considero que el público respeta y valora el esfuerzo que hacen estos deportistas, pero creo que es difícil explicar la minuciosidad de los detalles que hay que cuidar – lo invisible – para que puedan rendir al 100%. Días en los que yo misma llego agotada al hotel después de un largo viaje y tengo que exigir a las jugadoras una sesión suave en el gimnasio. Saben que a la larga lo agradecerán, pero en el momento me da hasta apuro porque siento en mis propias carnes el cansancio. Y ellas no sólo realizan la sesión en el gimnasio, sino que al día siguiente, rotas porque la cama del hotel de turno es durísima y además se despertaron de madrugada y ya no pudieron dormir más, tienen doble sesión de entrenamiento en pista y seguramente algo de gimnasio. Y al día siguiente seguramente ya toque competir, así que básicamente tienen que estar siempre, cada día, al 100% de sus aptitudes físicas y mentales.

Después de viajar con ellas, de observarlas y convivir, me doy cuenta de la brutal exigencia de este deporte. Cada día que pasa, en lugar de acostumbrarme, siento más admiración. Considero que, por haber tenido tantas estrellas de la raqueta en este país, nos hemos malacostumbrado a verles siempre arriba, a verles siempre ganar, sin darnos cuenta de lo difícil que es simplemente llegar a estar ahí. Exige un compromiso personal altísimo, desde una edad muy temprana. Exige pensar en tenis 24 horas al día, 365 días al año. Pensar como tenista, comer como tenista, dormir como tenista. Creo que ninguna otra disciplina deportiva exige tanto sacrificio personal para llegar a la cima. Porque no es sólo entrenar como guerreras; son también incontables días fuera de casa, lejos de la familia y de la gente querida. Por eso me gusta tanto el eslogan que usa el US Open. Porque la pasión que sienten estos deportistas por su profesión no se puede explicar mejor…. It must be love.

  • lola del castillo

    Estupendo artículo. Siempre lo he pensado los futbolistas son unos privilegiados del deporte profesional .El futbol es el deporte que exige menos esfuerzo para dar una mayor recompensa. No resiste comparación con ningún otro deporte profesional. Cualquier otro deportista ha tenido que sacrificarse más y suele obtener menores retribuciones.Comparemos el esfuerzo y el sacrificio de Nadal con el de Messi, y lo que cobran exclusivamente por el deporte. No hay color.

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