Aunque no negaré que mi paso por la Copa de Maestros fue un poco decepcionante a nivel deportivo, ahora que se cumplen 20 años rememorarlo es especial porque aquel 1994 fue increíble para mí. Recuerdo que me clasifiqué para Frankfurt séptimo por delante incluso del propio Stefan Edberg y que en el sorteo me tocó un grupo complicadísimo con Agassi, Chang y Bruguera. Aunque cualquier otra combinación hubiera sido igual o peor, ya que en el otro grupo estaban Sampras, Becker, Ivanisevic y Edberg. Casi nada.

Las cosas no pudieron empezar peor: en el segundo punto de mi debut contra Andre me resbalé y caí al suelo con tan mala fortuna que la raqueta me cayó encima del dedo gordo de mi mano derecha y se me puso como una bola. Decidí seguir jugando, pero lógicamente las condiciones eran imposibles y Agassi me propinó una buena paliza. Tras el partido, el médico me dijo que la inflamación era muy grande y que jugar en esas en esas condiciones era muy difícil, pero con todo lo que me había costado llegar allí quise hacer un último esfuerzo. Había otros dos condicionantes para eludir la retirada porque además de perder el bonus económico del año siguiente, si yo me retiraba entraría en mi lugar Stich, que era noveno en el ránking y me adelantaría en la clasificación con casi total seguridad. Recuerdo que mi decisión de seguir jugando no sentó nada bien entre el público porque la Copa de Maestros se disputaba en Frankfurt y Stich era alemán. Todos querían verle entrar en acción y yo se lo estaba “impidiendo”.

En los siguientes partidos también perdí claramente con Chang y con Bruguera, pero no voy a esconderme en el asunto del dedo. Aquellas palizas me hubieran caído igualmente porque yo venía de jugar sobre la tierra batida de Sudamérica y solo tuve dos días para entrenar en cubierta. Además la pista alemana era rapidísima, no como la de ahora en Londres, que es Greenset y va más lenta. En esa superficie y con mi dedo en aquel estado ganar algún partido era prácticamente imposible.

A pesar de aquella situación tan mala, conservo recuerdos bonitos. Antes de empezar a competir la ATP nos dio un pequeño trofeo a cada uno y te hacen sentir campeón de “algo”. La verdad es que es un torneo en el que tratan genial, te dan un vestuario para ti solo y hay mil comodidades.

Fue un orgullo que dos españoles nos clasificáramos para la Copa de Maestros. Creo que desde 1972 (Orantes y Gimeno) no se conseguía una hazaña igual. En la última década hemos visto eso como normal algo con las presencias múltiples de Moyà, Corretja, Ferrero y las más recientes de Nadal y Ferrer, pero por aquel entonces fue un bombazo que dos españoles nos coláramos entre los 8 mejores tenistas del año ¡y qué tenistas! Sampras, Agassi, Becker, Chang, Ivanisevic y Edberg eran mundialmente conocidos, estrellas con un alcance y un carisma internacional extraordinario. En la actualidad hay algunos grandes jugadores en la Copa de Maestros que se merecen estar ahí, pero que no están todavía a esa altura de reconocimiento global. Se nota mucho la ausencia de figuras tan relevantes de los últimos años como Nadal, Federer o Del Potro. Espero que disfrutemos mucho del torneo, aunque no veo rivales que puedan plantarle cara a Federer ni Djokovic. Ojalá que Nishikori pueda hacer algo grande. Aunque no pudo ganar la final de Grand Slam que disputó (como yo) es un jugador que tiene un potencial tremendo y si las lesiones le respetan estará en la élite del tenis mundial muchísimo tiempo y tendrá opciones de seguir luchando para conquistar grandes títulos. De momento, su estreno en una Copa de Maestros ya está siendo mejor que el mío.

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