Hubiera estado genial ver una final entre las hermanas Williams. A mí me pillaron muy pronto y aún estaba en la universidad cuando disputaron su última batalla por un Grand Slam, aquí en Wimbledon. Pero a falta de una Williams party, un Serena-Kerber tiene también muchos alicientes. No es una mala final. Al contrario. Podemos desempolvar todos los apuntes acumulados en enero, recuperar todos esos récords que persigue la número uno y ver si todo sigue igual. Aunque fue Garbiñe Muguruza quien protegió una vez más el récord de Steffi Graf -inconscientemente, claro- ahora es Angie quien tiene la oportunidad de seguir haciéndolo. Una vez más, como en el verano australiano.

Una de las cosas que más me ha gustado de este Wimbledon es que Kerber ha demostrado que lo suyo no fue casualidad. Que no tuvo dos semanas de inspiración hace seis meses y punto. Que tras readaptarse a su nuevo status, después de varias derrotas inesperadas, volvió a recuperar eso que llamamos momentum. Esa sensación de poder sacar partidos sumamente difíciles, de tener las claves que descifran servicios… La alemana ha recuperado todo.

Estamos tan acostumbrados a ver a fueras de serie como Serena, Federer, Djokovic o Nadal, que cuando una jugadora o un jugador necesitan tiempo para acostumbrarse a estar arriba, parece fuera de lo común. Pero el caso de Angie es el más normal del mundo. Cuando estás muy arriba, todos te quieren ganar, todos te observan, todos te preguntan. Y ella ha sabido gestionar todos los cambios en apenas seis meses. Dice mucho de su calidad. Pero también nos da un mensaje muy bueno en cualquier aspecto de la vida.

A veces uno tiene el éxito pronto. Otros necesitan mucho tiempo, grandes decepciones y también muchas horas de trabajo para alcanzar su objetivo. A veces uno es diesel. Pero una vez arrancan, son más fiables. Eso ha hecho Kerber. Tras Australia su coche se paró, pero ha sabido encontrar el contacto de nuevo.

Me gusta pensar que las finales de Grand Slam están siguiendo un patrón. Serena-Kerber; Serena-Muguruza; Serena-Kerber… ¿Serena-Muguruza? Para mí, all in a esa última ronda en la Arthur Ashe. ¿Por qué no?

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