Serena Williams terminará 2013 como indiscutible dictadora del circuito femenino. Número uno con más de 5.000 puntos de ventaja. 78 victorias, 4 derrotas. Roland Garros, US Open, Copa de Maestras y ocho títulos más. Dominio férreo, sin despeinarse. Pero hubo un día que sudó. Hubo un día que sufrió. Incluso hubo un día que encajó un rosco. 0-6. A Serena.

Fue en una cálida mañana madrileña. Se disputaban los cuartos de final del Mutua Madrid Open. Primer turno de la pista central: Serena Williams-Anabel Medina. Media entrada y primer set para la favorita. 6-3, pero en el ambiente se respiraba aires de remontada. Así lo contamos en Set Ball Radio, y debimos sonar convincentes, porque cada vez entraban más aficionados a las gradas. Ni ellos ni nosotros presagiábamos tamaña sorpresa. Incontestable. Inconcebible. “¡Despertad, amantes del tenis! @anabelmedina acaba de enchufar un rosco a Serena”, bramaba twitter. Lógicamente las gradas se llenaron.

¿Quién recuerda que Anabel estuvo a dos puntos de eliminar a Serena? ¿Quién recuerda que acabó perdiendo 7-5 en el tercer set? ¿Quién no recuerda ese set en blanco a la ganadora, por aquel entonces, de 29 títulos del Grand Slam? Serena había encajado seis roscos en su carrera. El último, cinco años antes.

Inolvidable porque la xiqueta hizo temblar a la gegant. Porque el revés de Medina voló como nunca. Porque sacó su vena canalla para enseñarnos que la picardía también forma parte del deporte (si no vieron el partido, no seré yo quien les recuerde qué hacer con unas pelotas nuevas cuando el turno de saque es para una bombardera como Serena). Y sobre todo porque Anabel disfrutó en la pista. Se divirtió. A lo grande, como se merece alguien con su trayectoria. Alguien que reconoce, con tanta sinceridad como pena, que el tenis cada vez es más trabajo y menos juego. Más rutina, y menos diversión.

Sí, este año hemos vivido la hazaña de Rafa Nadal, la hercúlea resistencia de Novak Djokovic o la consagración de Andy Murray en su hierba sagrada. Pero no olvidemos aquella cálida mañana madrileña. La del rosco. Sin Reyes Magos ni regalo escondido, pero con sonrisas dignas del 6 de enero. Un rosco inolvidable.

  • lola del castillo

    Es triste que una tenista tenga que cantar como gran hazaña meter un rosco a la numero uno en un partido en que terminó derrotada.

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