Elena Vesnina, Ekaterina Makarova, Bethanie Mattek-Sands y Jack Sock acabaron el domingo en Río de Janeiro unidos por la misma sensación: felicidad tras colgarse un oro olímpico. Los campeones, vencedores en dobles femenino (6-4 y 6-4 de las suizas Hingis y Bacsinszky) y dobles mixto (6-7, 6-1 y 10-7 a Venus y Ram) pasaron a la historia del deporte tras conseguir el mayor premio posible al que aspira un atleta. Aunque no ocurrió en las dos categorías más destacadas (individuales masculino y femenino), la medalla ya no se la puede quitar nadie.

Vesnina y Makarova se impusieron con solvencia a las suizas, lideradas por Hingis. Aunque las medallistas de plata demostraron que les falta compenetración (lógico, no juegan juntas en el circuito), el mérito de la dupla residió en conseguir colgarse la segunda medalla más importante de los Juegos tras formar una pareja improvisada, porque Hingis tenía planeado jugar con Bencic (que renunció a Río pocos días antes del inicio). Las rusas, en cualquier caso, se hicieron fuertes en una final que controlaron gracias a todos los kilómetros que llevan encima, explotando su inteligente visión del dobles.

Después, y en la misma pista que había visto saltar de alegría a Venisna y Makarova, los estadounidenses Mattek-Sands y Sock se coronaron campeones de dobles mixtos tras imponerse a Venus y Ram, dos veteranos con mil guerras encima que encontraron en la prueba un buen camino hacia la medalla.

Allí, sin embargo, se toparon de frente con una pareja rebosante de potencia, ganas y golpes imposibles: Mattek-Sands y Sock, de lo imprevisible a lo más alto del podio.

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