Roger Federer aterrizó el lunes por la mañana en Lille tras volar en avión privado desde Londres. Stan Wawrinka llegó por la tarde después de un corto viaje (1h30m) en tren desde la estación de King’s Cross. Los suizos, que se enfrentaron en las semifinales de la Copa de Maestros, discutieron en un gimnasio del O2 Arena con Severin Luthi (seleccionador) como testigo después de que la esposa del campeón de 17 grandes provocase un incendio (“¡bebe llorón!”, le dijo al número cuatro del mundo durante el tercer set del encuentro) y las llamas amenazaran con arrasar la armonía del grupo. Así, el equipo afrontó el inicio de la semana preparando la final de la Copa Davis entre terribles tensiones después de lo sucedido con sus dos líderes y acabó brindando con champán el domingo cuando Suiza ya había ganado la primera Ensaladera de su historia.

Esto fue lo que sucedió. Federer vio cómo Wawrinka ganaba a Rafael Nadal el Abierto de Australia en enero y se convertía en un campeón para siempre. El número dos entendió rápidamente que era su oportunidad para ganar el único título grande que se le había escurrido durante su carrera. En consecuencia, se apuntó a última hora a la primera eliminatoria ante Serbia y tomó Novi Sad, para mantener luego su compromiso en las series ante Kazajistán e Italia y asaltar la última frontera en Lille contra Francia, donde subiría un piso más en su propia leyenda.

Sin Wawrinka, sin embargo, habría sido imposible. El número dos suizo aceptó un papel secundario ante la exposición mediática, pero aguantó las opciones de victoria cuando Federer aún estaba sanando las cicatrices de la lesión en la espalda. El viernes, durante la primera jornada de la final, permitió al campeón de 17 grandes salir a pista con la tranquilidad de tener el marcador de cara tras ganar a Tsonga en un partido controlado desde la madurez y la determinación. El sábado, en el punto de dobles, le escudó llevando el peso del partido (“Stan ejecutó el plan y yo traté de seguirle”, explicó el propio Federer en la rueda de prensa posterior) y dejó a su selección a un punto de la gloria. Así, el domingo se sentó en el banquillo a ver cómo el genio suizo derrotaba a Gasquet y los ojos se le inundaban de lágrimas para celebrar el triunfo.

“He ganado tanto en mi carrera que esto es más para mis compañeros”, confesó Federer después de esa victoria en el cuarto punto de la final. “Es un día increíble para el deporte en un país pequeño como Suiza. Quiero agradecer a Stan por el esfuerzo que hizo este fin de semana”, dijo, felicitando el papel del número cuatro durante la eliminatoria. “Y fue un año extraordinario, soñé mucho con ganar la Copa Davis. Hice todo lo que pude para lograrlo”, le siguió Wawrinka, protagonista de un 2014 en el que ha ganado su primer Grand Slam (Abierto de Australia), Masters 1000 (Montecarlo) y la Copa Davis. “El sueño es una realidad”.

En Lille, la historia de una conquista entre dos: Wawrinka para hoy y Federer para siempre.

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