Daria Gavrilova lo celebró bailando sobre la pista. No fue para menos: después de una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, que combatió en 2013, la joven de 21 años derrotó 7-6 y 6-3 a Maria Sharapova en la segunda ronda de Miami y abrochó su primer triunfo ante una de las 10 mejores tenistas del planeta por primera vez en su carrera tras caer en los cuatro intentos anteriores. La número dos, que había alcanzado la final en tres de las últimas cuatro temporadas en Cayo Vizcaíno, se despidió a la primera, consumida como una vela que ya no tiene más luz que dar.

“He estado soñando con vencer a María desde que probablemente tenía 12 años, cuando la vi ganar Wimbledon”, acertó a decir Gavrilova, que nació en Moscú, pero vive en Australia y se ha criado a la sombra de las grandes competidoras de su país. ”Ella era mi ídolo. Ella es simplemente enorme en Rusia”, añadió la 97 mundial, que jugará ahora con la japonesa Nara por los octavos de final. ”Y yo”, dijo Sharapova; “estaba cometiendo un montón de errores no forzados y no era paciente. Solo quería tirar ganadores”, añadió la tenista de Niagan, que en ningún momento de la noche estuvo acompañada de la puntería. “Cualquier derrota es decepcionante. Ahora, solo necesito descansar y recuperarme para el siguiente torneo”.

Sharapova se desangró en 34 errores no forzados. Una vez tras otra, la número dos mundial vio cómo la pelota volvía, impulsada por las fabulosas defensas que su oponente fue levantando. Así, y pese a que su espíritu de campeona le permitió recuperar desventajas en ambos parciales, la campeona de cinco grandes terminó devorada por la niña que fantaseó con derrotarla.

”Siempre he creído”, celebró Gavrilova, que en la segunda manga ganaba 4-1, vio a su rival acercarse (4-3) y mantuvo la templanza, como si ella fuera la veterana. “Me recompuse”, añadió la aspirante. “Me dije a mí misma que debía seguir creyendo, seguir intentándolo. Probablemente, por eso gané”, se despidió la rusa, que desde la pasada semana forma parte del top-100 (97 mundial, su mejor ránking) y en Miami vivió una jornada fantástica que demostró algo mágico: los sueños también se hacen realidad.

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