Si las primeras impresiones son las que realmente cuentan, Garbiñe Muguruza dejó un ejemplo de espíritu olímpico sobre la cancha de Río de Janeiro. La intensidad, la voluntad y la autoridad como argumentos de una deportista con la capacidad suficiente para hacerse respetar en el mayor evento deportivo de todos. La caraqueña, que firmó su primera presencia individual en unos Juegos Olímpicos (6-2 6-2 sobre Andreea Mitu), dejó varios sellos de madurez para citarse con la japonesa Nao Hibino en busca de una plaza en los octavos de final. Líneas que definen su altura deportiva como uno de los principales valores femeninos del momento.

No fue el debut más cómodo. Por primera vez en una cita olímpica pero con la responsabilidad del que tiene el cuerpo curtido. Ésa es la misión. Rendir como un veterano con el corsé de un aprendiz. Labor de elegidos. Lejos de acudir a Río de Janeiro con el disfrute como el mayor de sus enfoques, Garbiñe trabaja en los Juegos Olímpicos como una favorita. Pocos deportistas acuden a su bautismo de fuego con las medallas como destino, un reflejo nítido del valor de la protagonista. A sus 22 años es la tercera cabeza de serie de un deporte tan globalizado, competitivo y cada vez más adverso para la irrupción temprana como el tenis. Y con todo ello tuvo que tragar el nerviosismo lógico del que pisa lo desconocido.

No fue el debut más lineal. Lo que en otras disciplinas parece algo impensable es un factor plausible en el tenis: un cambio de rival horas antes del partido. Una lesión de hombro sacó a la serbia Jelena Jankovic del torneo y, de repente, cambió el horizonte de Muguruza. Saber con el margen de maniobra justo que el desafío a encarar es completamente distinto al que habías preparado y para el que te habías mentalizado. A nivel táctico, una tenista diferente implica virtudes diferentes y, en consecuencia, planteamientos distintos. A nivel psicológico, un grado de veteranía notablemente menor al otro lado de la red generaba un grado de favoritismo distinto sobre la pista.

No fue el debut más plácido. Lejos de contener con facilidad a su rival en Río de Janeiro, Muguruza demostró estar dispuesta a aceptar el orden de las cosas: primero, bajar la cara; después, levantar el puño. Necesario avance para una jugadora con interrogantes de entrega en partidos apretados durante la temporada. La disciplina como base ante la rumana Mitu, vencedora en el único duelo previo entre ambos. La desventaja inicial (estuvo a dos puntos del 0-3) tuvo una respuesta de campeona: 12 de los últimos 14 juegos del partido acabaron en su poder.

En Río de Janeiro, donde se pelea en nombre de los valores de excelencia, un ejemplo de pureza deportiva en una debutante.

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