La primera imagen que se me viene a la cabeza cuando me hablan de Nicolas Mahut es la de un tipo cabizbajo que se lleva las manos a la cara en señal de duelo. Era una tarde de junio del año 2010 y no se me olvidará jamás el rostro de un destrozado jugador francés apoyado en la cinta de una de las pistas pertenecientes al All England Lawn Tennis Club. Acababa de perder el partido más largo de la historia de su deporte. Ni más de cien saques directo ni tres días batallando con el mínimo descanso para que el cuerpo no cayese sobre el verde londinense fueron capaces de parar a John Isner, un gigante que parecía ser el nuevo héroe americano aunque con el tiempo no acabó de cumplir con las altas expectativas creadas. Nico tardó meses en recuperarse física y mentalmente de ese varapalo en Wimbledon pero volvió a la carga.

Tres años después volvió a rozar la gloria. Una tarde de sábado del mes de junio. La Philippe Chatrier no para de alentar a una pareja de dobles dispuesta a romper la maldición que impedía a los franceses levantar la Copa Jacques Brugnon. Al otro lado de la red, los Bryan, la pareja más prolífica y exitosa de la historia de la modalidad. Potencia y espectáculo al servicio de la bandera de las barras y las estrellas. Y en el otro lado de la balanza están los elegantes franceses. Michael Llodra, un tenista campeón de Grand Slam con otros compatriotas franceses, pero sin premio en París, ante su público. Nico Mahut, residente en los Bosques de Bolonia, a pocos metros del complejo tenístico de Roland Garros, buscando sacarse la espinita que tenía clavada desde que perdió ese partido ante Isner. Desempate final, los franceses delante en el marcador y llega la hecatombe.

Cuatro minutos después del cambio de lado en el tie-break el partido muere. Mahut llora, pero no de alegría, sino de tristeza, antes de llegar a la red y felicitar, de nuevo, a otro verdugo yankee. De nuevo el de Angers volvía a representar la cara de la derrota. Las lágrimas cubrían su rostro y parecía escapársele una oportunidad única. Aunque luego pudo resacirse en buena media. Llegó de nuevo su adorado césped y ahí sumó su primer título ATP en categoría individual. Lo hizo en la hierba neerlandesa de s-Hertogenbosch. Un mes después repetía triunfo en el circuito, esta vez en el clásico y centenario torneo de Newport, en suelo americano. Sin embargo, la oportunidad de ganar un Grand Slam volvió a quedar lejana en la disciplina de dobles. A Llodra le empiezan a acosar los problemas físicos y la pareja pierde comba en los grandes torneos. ¿La solución? Encontrar otro compañero de fatigas. Uno a la altura y con ambición.

Y Mahut parece haberlo encontrado en Pierre Hugues Herbert. Este francés con trazas de galán se ha convertido en un gran especialista en la modalidad con tan solo 23 años. Inyecta ilusión y contagia las ganas de comerse el mundo a su veterano y cicatrizado compañero. Ya se llevó Grand Slams por parejas en su etapa Junior, pero su rápida adaptación a los profesionales hace que seamos muy optimista con esta novedosa combinación. En el pasado torneo Tokio sumó su primer título ATP junto al polaco Michael Pryzsiezny y con los puntos que ya ha sumado en el Open de Australia ingresará en el top40 del ranking. Sin los Bryan en el cuadro y con Dodig-Melo como máximos cabezas de serie todavía con vida en el cuadro, las oportunidades de los galos suben con la espuma. A dos partidos del título, Nico sueña con quitarse la etiqueta de perdedor. Es su último tren y sabe que debe aprovecharlo. Allez Nico, volea otra vez como tú sabes, que Pierre te cubre las espaldas.

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