Don Rafael Nadal Parera no necesita ni defensa ni piedad. Es un deportista muy grande, tal vez el más grande que ha dado España. Lo ha ganado todo o casi todo y lo ha ganado muchas veces. Ahora gana menos. Ahora no es estratosférico, digamos que solo es extraordinario. Cuántos quisiéramos ser extraordinarios en nuestro trabajo al menos por un día y transitamos por la vida siendo, en el mejor de los casos, normales.

Cambiar la mortadela por el jamón lo hace cualquiera. Sin bajar al fiambre más corriente, solo el cambio de bellota a recebo sería motivo de inquietud . En clave gastronómica podría ser la imagen que describa lo que pasa ahora con Nadal.

Vicente Del Bosque, seleccionador de fútbol, dijo hace unos días que ningún deportista es capaz de ganar siempre.
Carlos Costa, extenista, representante y amigo de Rafa, durante el pasado Conde de Godó compartió otra frase simple pero lapidaria: “Estamos mal acostumbrados”. David Ferrer, tenista, durante el reciente Roland Garros advirtió, por si a alguien le quedaban dudas: “Hay muy buenos jugadores para estar entre los 100, 40 o 30 primeros; ahora si me dices como Rafa Nadal te digo que no va a haber ninguno”. En esa misma rueda de prensa tras caer en cuartos de final y dejar huérfano de españoles el torneo parisino el alicantino dejó este otro mensaje… “Cuando van bien dadas todos somos españoles y muy patriotas; cuando no, pues…”, cerró entre risas.

Escuchemos a los que saben, aprendamos lo que es la élite del deporte, valoremos lo que cuesta ganar a nivel mundial cualquier cosa, admiremos los éxitos alcanzados en los últimos años, seamos agradecidos. En un país dado a la esquizofrenia de encumbrar y enterrar de un día para otro, el menor de nuestros males es la falta de memoria. Esa que hace que olvidemos los éxitos por muchos y grandes que hayan sido en cuanto llegan tiempos difíciles. Ya se sabe que el tránsito a peor es el más complicado; para el inverso vale cualquiera; el otro requiere templanza, capacidad de análisis y respeto. Son virtudes en peligro de extinción en una sociedad en la que prima el show por encima de la realidad. Cualquier conjetura o especulación, bien vestida, tiene más recorrido que una información veraz y contrastada. Pastar en la mediocridad arropado por el rebaño es fácil, recurrente y además está bien visto y valorado.

Demostremos que otra sociedad es posible. Una en la que se respete y valore al ciudadano por sus éxitos sí, pero sobre todo por su trabajo y esfuerzo. Una sociedad con memoria, que sepa ponderar, apreciar y admirar lo bueno que tenemos. Pau Gasol ha dicho que jugará el Eurobasket. Gracias Pau…y gracias Rafa.

Aunque el manacorense no volviera a ganar nada de aquí al final de su carrera seguirá siendo una leyenda irrepetible. Sus fotos cuelgan en los principales templos del tenis mundial, sus hazañas están en los libros y grabadas en vídeo, sus números glosan en las estadísticas oficiales y todo eso es definitivo, no se puede borrar.

Me considero un privilegiado por muchas cosas. Primero por trabajar, segundo por hacerlo en lo que me gusta y tercero por ser testigo directo de una época irrepetible de nuestro deporte. Sin querer ser pretencioso, los periodistas deportivos solemos atribuirnos los éxitos que contamos in situ. Así que yo en lo que a tenis se refiere tengo seis Roland Garros, un Wimbledon y tres Copas Davis. Y cada vez que termina una de esas grandes transmisiones invierto un minuto en mirar la grada vacía saboreando lo ocurrido, preguntándome si se repetirá. Al final te das cuenta de que la vida es el camino. Carpe diem.

  • Mac

    Muy buen articulo. Me ha encantado

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