Flavia Pennetta disputa hoy su primera final individual de un Premier Mandatory cuando ya ha rebasado la treintena. Lo hace después de tumbar a Na Li, la campeona del pasado Abierto de Australia. Lo hace en Indian Wells, que para ella era el averno en llamas un año atrás porque en el desierto californiano se planteó la retirada. Lo hace contra Agnieszka Radwanska, la número tres mundo a la que derrotó en Dubái cuando solo habían pasado unas semanas desde el primer grande del año. Y lo hace a lomos de un discurso que refleja cómo pueden cambiar las cosas en 12 meses. ”El año pasado pensaba que terminar entre las 100 mejores era un buen resultado”, confesó tras superar las semifinales. “Ahora, estoy contenta. Debería estarlo, ¿o no?”, se preguntó radiante en voz alta antes de afrontar el partido más importante de su carrera deportiva.

La italiana ya sabe que la victoria le exigirá superar lo desconocido. Radwanska, que es su rival por el título, no tiene nada que ver con ninguna otra jugadora del circuito. En la era de la potencia, tacto. En tiempos donde golpear más fuerte es sinónimo de premio, mil recursos hilados desde la estrategia. En un circuito plagado de pegadoras, una maestra del contraataque, tan preparada para construir una trinchera como para derribar el muro más alto. La final, un laberinto de pelotas enredadas en intercambios dispares, variados como los colores del arco iris. A diferencia de Flavia, la polaca sabe a lo que se enfrenta porque jugadoras como Pennetta se ha encontrado muchas y en su currículo ya brillan dos torneos de la categoría (Pekín 2011 y Miami 2012), por lo que pisa terreno tanteado con anterioridad.

“Creo que tengo que ser realmente agresiva”, argumentó Pennetta, que tiene perdido el global de los enfrentamientos previos con la polaca (2-4), pero hizo suyo el último cruce en los Emiratos Árabes. “Tengo que ir por el tiro ganador, pero desesperarme porque ella es una pared, un muro. Tengo que hacer el mismo tiro ganador siete veces contra Radwanska, pero le jugué bien en Dubai y espero jugar en la final de la misma manera”.

Algo está claro: Indian Wells tendrá ganadora nueva. Si Radwanska le echará el lazo a la copa, aprovechando para dar un paso más hacia la cima, o si Pennetta derramará lágrimas de felicidad, allí donde un año atrás cayeron de tristeza, es el fabuloso enigma que falta por despejar en el corazón del Valle de Coachella con el desierto actuando como ecuánime testigo de una pelea forjada en el antagonismo de dos estilos tan efectivos como desiguales.

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