No hay otra competición que desafíe la lógica como esta. Difícil observar otro escenario en el que se demuestre de tal forma que el ránking es tan solo una cifra en la cuneta. Y que estar por detrás en las listas no implica necesariamente una sentencia previa. Los teóricos favoritos quedan tan sólo en eso. No hizo falta esperar demasiado para volver a encontrar ejemplos. En la primera ronda de Copa Davis, sin salir del viernes que abrió la pelea por la Ensaladera, uno tras otro fueron destapándose los golpes a la certeza. Desde Glasgow a Buenos Aires o Kraljevo pasando por Ostrava, Fráncfort o Lieja.

Un ambiente que rompe las cadenas de los que debutan, despojándoles del plumón y haciéndoles pasar por perfiles curtidos en mil peleas. Como el germano Jan Lennard Struff, con apego por la tierra batida y sin referencias en estas refriegas, capaz de poner contra las cuerdas al número uno de Francia. Exigiendo cinco mangas y más de cuatro horas a Gilles Simon, todo un especialista en recintos cubiertos como demostró días atrás coronando Marsella.

Lo suficientemente especial como para que en una serie entre países balcánicos y ambiente cargado, suficiente para  entumecer al más curtido, surja la figura de un chaval de 18 años. Con la eliminatoria cuesta arriba, la grada en contra y la misión de líderar un equipo agujereado a ausencias. Contra todo eso logró empujar Borna Coric, que llegó a tener dos mangas y una rotura de ventaja sobre Viktor Troicki, antes de ver cómo el encuentro se le escurría entre las manos ante un exnúmero 12 mundial.

Jugadores que jamás compitieron en una quinta manga parecen ver multiplicadas sus piernas. Así ocurrió con Joao Souza, capaz de recorrer los cinco sets sin perder la cabeza. Porque no sólo llegó hasta el parcial definitivo, sino que logró emplear hasta cinco horas para remontarle a Carlos Berlocq ante la grada de Buenos Aires. Difícil imaginar ambiente más duro para un brasileño. Imposible pensar en uno más esquivo para trazar y ganar el partido más largo de su vida.

Tenistas de cabeza gacha o corta experiencia encuentran como nunca la fuerza. Como Henri Laaksonen, James Ward o Thanasi Kokkinakis, capaces de levantar dos mangas de desventaja por primera vez en sus carreras. Especialmente llamativo el británico, frente a un muro jamás escalado con 28 años pero cuya cumbre encontró en el ambiente de Glasgow, entre los bombardeos de John Isner en un esfuerzo que exigió al reloj casi cinco vueltas.  La muestra más nítida de estar ante algo diferente, donde la adrenalina brota a espuertas.

Una competición distinta al resto, que se cocina en equipo y reconvierte las raquetas.

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