El primer recuerdo que tengo de Lleyton Hewitt es el de sacar de punto a Albert Costa en la final de la Copa Davis del año 2000. Con un Palau Sant Jordi totalmente abarrotado, el guerrero de Adelaida era el villano perfecto para aguarle la fiesta al combinado español, que buscaba por aquel entonces su primera ensaladera. Dos días después, el aussie cedía en cuatro sets ante Juan Carlos Ferrero, en el punto que le daba el título a España. El australiano se vengaría del tenista de Villena en la final de la Copa de Maestros de 2002, en un trepidante encuentro que se resolvió en cinco extenuantes parciales. Por aquel entonces acababa de cumplir un año al frente de la clasificación mundial y tan sólo contaba con 21 primaveras. Era el mejor jugador de la ATP.

En nuestro país se veía a Lleyton como un tipo maleducado, desafiante y vengativo. Y hasta cierto punto esa visión no estaba demasiado alejada de la realidad. Era un villano pero estaba cómodo en ese papel. Los jóvenes le veíamos como un ejemplo de fe, garra y tenacidad. No era el más alto ni el tenista con el juego más potente, pero acababa por ser el mejor. Hewitt ganó Grand Slams, Copas de Maestros, Copas Davis para Australia y estuvo entre 2001 y 2003 en la primera plaza del ránking mundial. Unos problemas de cadera le bajaron de la élite tenística en 2006 pero el aussie no se rindió, a pesar de que en una época de pegadores y bestias físicas, sus mayores armas se empequeñecieron y su juego empezó a quedarse obsoleto.

Los últimos años de Hewitt como profesional, lejos de emborronar su legado, lo hacen todavía más grande. Lleyton, sin importar el ránking en el que estuviese colocado, ha estado en activo hasta que ha dejado de sentirse competitivo. Es un tipo con un amor desmedido por el tenis. Y como a tantos otros legendarios jugadores les ha pasado en el momento de su retirada, lo que más le va a costar va a ser dejar de hacer algo que le gusta tanto. En la Rod Laver Arena, en el recinto en el que jamás pudo brindarle una victoria patria a su público -fue finalista en 2005-, Hewitt hinca la rodilla por última vez. Lo hace ante Ferrer (2-6 4-6 y 4-6) en una batalla dura, física, en la que hace sudar a todo un top-ten.. Rusty se va y lo hace con la admiración de todo el mundo del deporte y sabiendo que deja a Australia en buenas manos. Los Kyrgios, Kokkinakis, Jasika y cía toman ahora el testigo. Y el veterano guerrero los liderará desde la capitanía de la Copa Davis, en la competición en la que inició su leyenda. Te echaremos de menos, Lleyton. Sobre todo los que, con tu retiro, sentimos que nos escapa definitivamente un pedacito de nuestra infancia.

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