Permítanme rinda homenaje a Luis Aragonés para comenzar esta columna. Apenas coincidí con él un par de veces porque soy hombre de tenis (y fútbol femenino) pero siempre me pareció un tipo peculiar que sin duda ha marcado una época en nuestro deporte. Como el otro personaje del que quiero hablar: Rafael Nadal.

El balear se ha convertido en una figura irrepetible por mucho que desde la prensa nos encarguemos de buscarle relevo. Hace pocas fechas hemos visto en ‘Informe Robinson’ un claro ejemplo, el de Carlos Boluda, al que tantos se atrevieron a comparar con Nadal cuando apenas tenía quince años y ni siquiera había jugado un torneo profesional. El tenista, desde que coge su primera raqueta, tiene que subir muchos escalones con la necesidad de esquivar los baches y saber afianzar las pisadas. Viendo los pocos que terminan llegando arriba no me extrañaría que esta ficticia escalera fuera de caracol y de madera. Quien ha pasado unos días en una antigua casa rural ya sabe a lo que me refiero.

Nadal es único en su especie. Creo que nunca podremos valorar si es el mejor tenista de la historia porque soy de los que piensa que no hay mimbres para comparar épocas. Ni siquiera raquetas. Convivir en una era en la que compites con artistas como Roger Federer, Novak Djokovic, Andy Murray o David Ferrer no tiene que ser fácil. Su currículo sería más grueso si le hubiera tocado lidiar con otros rivales, pero entonces no sería tan bueno y sus gestas no se destacarían tanto. De eso estoy seguro.

Rafa subió al peldaño más alto de esa escalera el 18 de agosto de 2008. Acababa de colgarse al cuello la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín y era fiel reflejo de la felicidad. Había pasado de ser ‘El rey de la tierra batida’ a ser el número uno. Y a pesar de todo nunca miró por encima del hombro a ninguno de sus homólogos. Otra muestra de que es un ejemplo donde muchos deberían mirarse. En actitudes, no en resultados, ya que en esto dependen otros muchos factores que no uno mismo.

Tras superar el peor bache de su carrera a nivel físico y mental en 2012, Nadal demostró que con corazón, trabajo y calidad uno puede resurgir de sus cenizas. Incluso en un deporte tan exigente como el tenis en el que cada semana solo se corona a un elegido y no siempre suele ser el mismo. Para estar arriba no te queda otra que ganar, ganar y volver a ganar, como dijo Luis Aragonés. Esta semana Rafa juega en Miami, un torneo donde ha hecho tres finales y no ha ganado nunca. ¿Le veremos morder el cetro dentro de diez días? Ya saben la máxima: ganar, ganar y volver…

  • lola del castillo

    De acuerdo con que no es posible hablar del mejor de la historia , pero sí de la era open , y hasta hoy mismo ese es Rafael Nadal. Y la época que estamos viviendo en el tenis masculino sí creo que puede decirse que la epoca de oro del tenis masculino porque tenemos a cuatro grandes leyendas vivias del tenis que han coincidido en el tiempo y compiten entre sí . Por eso vivimos dos de las mejores y más intensas rivalidades de la historia del tenis masculino: Nadal-Inefable suizo y Nadal- Novak.
    De los tenistas que nombra el autor como “artistas” excluiría a Ferrer azul, que tendrá muchas virtudes tenísticas, pero el arte no correpor sus venas en términos tenísticos.

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