Me va a permitir mi compañero de fatigas y transmisiones, Roberto Carretero, apropiarme de una de sus frases con derechos de autor para encabezar estas líneas de admiración hacia un deportista cuyo nombre, como el del Altísimo, es pecado pronunciar en vano: Rafael Nadal.

He escuchado y leído multitud de exclamaciones para tratar de calificarle; para resumir su actitud en la pista. La expresión más utilizada, últimamente, es “no tengo palabras…”. A todos los que hemos tenido oportunidad de vivir y contar sus proezas nos ha ocurrido eso: quedarnos sin palabras para definir o explicar lo que vemos. Nos parece sobrehumano, de otro mundo, un súper héroe… No nos parece real.

Yo he decidido que, desde hoy, solo emplearé una palabra para resumir lo que es Nadal para mí: ejemplo.

Ejemplo, con mayúsculas, porque eso es Nadal cuando gana y cuando pierde; cuando es el cinco del mundo o el uno, como ahora. Ejemplo de trabajo; ejemplo de superación; ejemplo de pasión por todo lo que hace en su vida; ejemplo de respeto por sus rivales y por sus compañeros…

Será difícil que ninguno de los que somos reales o simples humanos alcancemos la talla de Nadal, pero creo que sí estamos obligados a seguir su ejemplo para ser mejores en nuestro quehacer diario.

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