La primera vez que vi a Lamine Ouahab fue en la primavera de 2009. La Caja Mágica del torneo de Madrid se vestía de gala para recibir a los mejores jugadores del mundo en el nuevo Masters 1000 de tierra batida, el último antes de la celebración de Roland Garros. Es sábado por la mañana y tengo qué quiero ver: el partido entre Lamine Ouahab e Iván Navarro. Ouahab era una de las sensaciones del circuito Challenger. Un jugador argelino de 24 años, con un brillante pasado junior y que paseaba la bandera de un país como el suyo, poseedor de una tradición tenística realmente limitada. Del africano siempre se había dicho que era puro talento pero que estaba pasado de peso. Que no tenía entrenador y que no estaba concentrado 100% en el tenis. No fue un gran encuentro de la, para mí, gran atracción de la fase previa, pero dejó su impronta con un par de destellos que hacían ver que tenía mucha clase. Navarro pasó por encima de él en apenas 73 minutos y ahí acabó la aventura por la capital de España de este heterodoxo jugador.

Ouahab llegaría al puesto 114 de la ATP en septiembre de 2009 pero después poco más se supo. Entrena en Real Club Tenis Barcelona, el club histórico del deporte de la raqueta, pero sus resultados siempre adolecieron de la regularidad necesaria para competir en la élite. En los muchos torneos Challenger que había en Marruecos el bueno de Lamine asomaba la cabeza y en ocasiones con excelentes resultados pero en general sus apariciones, con el paso del tiempo, se limitaron a torneos Futures. Dotado de una portentosa muñeca y de un revés a dos manos paralelo capaz de desbordar a cualquiera, sorprendía ver a Ouahab perdido en el ránking mundial, más allá de las quinientas primeras plazas. De su gloriosa época junior, en la que alcanzó la final de Wimbledon en 2002 batiendo a Rafael Nadal, parecía quedar ya muy poco.

El pasado final de temporada fue bastante discreto para el argelino, que adquirió la nacionalidad marroquí a finales de 2013 debido al poco apoyo económico que ofrecía la federación de su país. Su participación en Copa Davis como líder del equipo y competir en algunos torneos Futures parecían ser el sino de Ouahab en este curso pero curiosamente, a los 30 años, está viviendo uno de los momentos de forma más brillantes de su carrera. 2015 empezó con un triunfo en el Challenger de Casablanca, primer evento de tal categoría que levantaba en nueve años. Tras probar fortuna en torneos menores de España y Portugal volvió a suelo marroquí donde levantó tres trofeos más. Todos sobre tierra batida.

El pasado sábado estaba disputando una final de un torneo Future. Hoy está en cuartos de final del ATP 250 de Casablanca en el cuadro individual tras deshacerse de Haase y García López. No ha cedido parciales. A este resultado hay que sumarle las semifinales que ha firmado hace escasos minutos con Younes Rachidi en dobles. Es su momento. Enciendan el televisor o el ordenador y véanle jugar. Que no les engañe su físico de dominguero. Lamine Ouahab es talento puro. Siéntense y disfruten.

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