Los Masters 1000 de Cincinnati y Montreal seguramente sean los más difíciles de seguir para los periodistas. Primero por el horario y segundo por la época del año. Por mucho que informemos de tenis en algún momento hay que irse de vacaciones. Algo así me ocurrió a mi durante ese maravilloso partido que fue el Djokovic-Nadal de Montreal.

Estaba de vacaciones, era sábado y el partido estaba programado para las dos o las tres de la madrugada. Total, que quedé con algunos amigos para cenar pensando que a la hora del partido ya estaría en casa, error. La cosa se fue complicando y la sociedad tampoco entiende que en pleno momento de exaltación de la amistad uno diga que se va a casa a ver el tenis, por mucho que se dedique a eso. “Desconecta tío, estás de vacaciones”, te suelen decir.

Me vi a las dos de la mañana en una discoteca y sin apenas cobertura. En esos momentos siempre confías en tirar de Twitter para saber cómo va el partido. Error. Error mío y el que me daba Twitter al intentar actualizar sin cobertura. Pasaron los minutos y poco a poco me fui desesperando, sobre todo cuando al subir al servicio recuperé cierta cobertura y pude leer que estaba siendo un partidazo.

En esos momentos no sabes qué hacer para escaparte y poder ver algo del partido, aunque solo fuese el último set. Así que busqué alguna solución creativa: busqué a un camarero con pinta de buena persona y le pedí de buenas maneras que si en una de las televisiones donde estaban pasando videoclips en bucle podían poner Teledeporte. Hace años que este canal cambió de frecuencia en la TDT, con la mala suerte de que este establecimiento no lo había resintonizado. Así que volví a subir al baño para ver en Twitter cómo discurría el partido.

“El mejor partido de lo que va de año se decidirá en el tie-break”, leí a alguien que efectivamente sí lo estaba viendo. Me quedaba el 10% de batería en en móvil y me salí a la calle sin pensármelo, aunque el portero me avisara de que no podría volver a entrar. Frente a la puerta de la discoteca me apoyé en el capó de un Renault y abrí la aplicación de RTVE mientras rezaba por mis adentros para que el 3G y la batería me diera para ver el desempate.

Finalmente lo pude ver y disfrutar. El portero y una pareja que discutía de forma efusiva acabaron sentados a mi lado hundiendo el morro del coche y celebrando la victoria de Nadal. El móvil se apagó justo después de acabar el partido, pero como ya era amiguete del portero pude volver a entrar con mis amigos. Que por cierto, alucinaron bastante cuando les dije dónde había estado.

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