Ocurre de repente, como el silencio que sucede al estruendo en las discotecas al llegar la hora del cierre. En Montreal, donde esta semana compiten las mejores raquetas del circuito femenino, desaparece la electricidad en pleno torneo. Un corte de luz que afecta a 160.000 hogares introduce el caos en uno de los eventos más serios del calendario, envolviendo la competición con circunstancias de tinte amateur. Más propio de los primeros pasos de quien hoy es conocido en medio mundo por asir una raqueta. Casi postales de lo que debió ser el tenis en otro tiempo. Un deporte rudimento. Añejo.

Así, en las pistas los jueces de silla tienen que gritar los puntos a viva voz, tirando de pulmones y garganta como el que se hace notar en un encontronazo, porque no hay marcadores que orienten a los jugadores, carentes de ojo de halcón para las revisiones, ni altavoces para hacerse oír entre el gentío. Es el caso del español Félix Torralba, que se desgañita para dirigir la victoria de Venus Williams sobre la rusa Pavlyuchenkova, la primera de la americana sobre suelo canadiense en 19 años. Los encargados de impartir orden también se ven cercados por las baterías de sus tabletas, porque cuando éstas lleguen a su límite la involución quemará otra etapa: marcar a mano el blanco sobre negro, utilizando lápiz y papel para registrar el paso de los partidos.

Las molestias se extienden más allá de las pistas, con desalojos en zonas vip, comedores y cocinas, carentes de prestaciones básicas para garantizar el bienestar de sus clientes. Implica dejar incomunicada a la prensa, encargada de ejercer como caja de resonancia. Significa entrenar en la penumbra, como destacan algunos jugadores sorprendidos sobre las bicicletas de los gimnasios donde lo único que se abre paso entre sudores son las pantallas de los teléfonos. En ellos es imposible seguir el torneo, porque en las aplicaciones desaparece el rastro de cualquier partido, siendo total la clandestinidad de aquellos disputados en canchas sin retransmisión de vídeo – como el triunfo de la primera raqueta española Carla Suárez (6-4 6-3 a la serbia Jovanovski), levantado entre los recodos de la Court 9.

En Montreal se compite a la espera de soluciones, improvisando bajo el sol lo que deberá ejecutarse con generadores en mitad de una jornada nocturna atrasada por su instalación cuando se abra paso la oscuridad.

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