Dijo una vez un hombre que el éxito es algo simple y a la vez muy complejo: la aplicación diaria de un esfuerzo completo. Levantarse cada día y ser consciente de que el trabajo quedará hecho. Y la labor de Carla Suárez lejos de los focos es un ejemplo de ello. Cuando el circuito se pelea en exhibiciones en pleno invierno, alguien que se ejercita en silencio mirando al suelo, anteponiendo el sudor incluso al almuerzo. Cuando los resultados dibujan la mejor temporada de su carrera y el conformismo emerge como un riesgo, optar por cambiar la raqueta en la aceptación de un riesgo. El peaje a pagar para seguir creciendo.

La canaria, que ya está en los cuartos de final de Doha, como antes lo hizo en Dubái, en Antwerp, y más atrás en Sídney y Brisbane, sale como una de las tenistas con más regularidad en el cuerpo. Subrayando esa capacidad para rendir de torneo en torneo. Cada semana despierta un comentario. Por batir a la tercera raqueta del mundo. Por ser la novena tenista del año. Por pisar su primera final a cubierto. El avance ya no es puntual, es otro emblema pegado al pecho. Esta temporada, sin salir siquiera del invierno, cinco veces entre las ocho mejores sirve como argumento.

Ninguna otra jugadora pisó tantas veces esa ronda como la canaria en 2015, un síntoma evidente del hábito interno. Remar y volver a remar hasta llegar a buen puerto. Seis cuartos de final logró en 2014 en cemento, una cifra que ya está a un paso de equilibrar y ni ha cerrado febrero. El mérito es doble: porque se logra mientras se pule la adaptación a un nuevo arma, en un tramo de temporada donde cupiera esperar una tregua de rendimiento. La raqueta de mayores dimensiones  imprime más potencia y le empuja a un juego más recto. Son los requisitos que exige el tenis moderno. También, romper las costuras en la naturalidad de su juego. Sacar regularidad en esa realidad indica dos cosas: rendimiento en lo incómodo y anteponer las rutinas a las sensaciones del cuerpo.

Como en Doha, donde sobrevivió a la checa Pliskova en un partido de los secos, porque negó puertas a un mortero -6 de 6 opciones de quiebres salvadas- y triunfó pese a entregar el 80% de los puntos con primer resto. En el emitaro buscará la semifinales ante la checa Kvitova, la número 4, con un pensamiento sincero. “En otras temporadas no hubiera logrado hacerlo. Pero siento que he dado un paso al frente. Tanto a nivel de juego como de pensamiento”.

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