Porque es una historia de superación. Nada más, pero nada menos. Ir al infierno, ir varias veces al infierno, pero tener fuerza y valor suficiente para salir de él. La vida presenta problemas. Cuando llevas unos años en el juego, los vas conociendo. No hace falta que nadie te los presente. Simplemente aparecen. Creas merecerlos, o no. Los esperes, o tampoco. Pero van surgiendo. Hay quien dice que la vida es un 10% lo que te sucede y un 90% cómo afrontas todo cuando te sale al paso. Que la madurez se encuentra en equilibrar estos porcentajes, gratuitos pero indicativos. Y Andrea Petkovic ha tenido motivos para mandarlo todo al carajo. Porque una vida dedicada al deporte, sin una juventud tan sacrificada como otras, pues no profesionalizó hasta tarde, pero una vida dedicada al deporte, se le escapaba entre las yemas de los dedos.

Las lesiones que todos conocemos. Esas grietas que acompañarán cada historia de vida sobre su trayectoria. Espalda, tobillo y rodilla, una tras otra. Con la crueldad del guionista más severo, se antepusieron en el camino. Con tremendas áreas de mejora, abismos técnicos y tácticos, era número 9 del mundo con 24 años. Una posición que, salvo los que se saben elegidos, firmaría todo aquel que empuña un grip de niño. Todos podemos caer. Una lesión en el deporte es como el pez en el agua. Tres seguidas, de cierta gravedad, no es un ejemplar tan catalogado. Es tenerlo todo y todo perderlo en un momento. “Cuando piso arcilla, siento miedo”. Notar eso, por un tobillo maltrecho, en tu superficie predilecta. “Pero quiero que mi futuro sea mejor que mi pasado”. Esa frase la escuché el año pasado. Cara a cara. De una mujer que había desaparecido. Frustrada y que días después en Roland Garros, en caliente, amenazaría con dejarlo todo. El impulso, está claro. Pero la idea rondaba la cabeza. Como el fantasma al despertar de una pesadilla. En la penumbra de un torneo de Madrid que ya quedaba muerto en la fase de clasificación. Totalmente ignorada. Obviamente sin cobertura de medios. Hundida en un ranking de tres cifras. Con ese “eres tenista o jugador de fase previa” colgando del raquetero. Con la grandeza hecha ceniza. Una de las mujeres más populares del circuito reducida casi al anonimato.

¿Cuántos tendrían el valor para intentar volver donde un día estuvieron? ¿Qué fuerza mental, qué voluntad se necesita para afrontar el reto? En un deporte individual, donde uno gana y uno pierde. Donde, en el momento de la verdad, no hay hombros para apoyarse más que los propios. Andrea ha respondido quemando etapas. Con la paciencia del que se sabe ante un largo camino. Tres años ha pasado sin morder un título. Con la humildad para reconocer errores, y cambiar un cuartelero régimen de entrenamiento. Lejos quedan las sesiones de seis horas de ejercicios. Con la frialdad para cortar el vínculo que labró su éxito, poniendo fin a la relación con Petar Popovic. Hasta llegar a Charleston, donde su padre amó y jugó al tenis universitario para, azares del destino, sentir de nuevo la llama del que corona un torneo. El más grande jamás besado. En el suelo que temías en tu momento más bajo. Gobernando el miedo. En breve, además, buscará la final de Copa Federación para Alemania. Otro estímulo al viento. Los túneles tienen luz si tenemos el valor de llegar al final de ellos. Con una carrera rota, o con la amenaza de ello, respondió como no muchos lo hubiéramos hecho. Mañana lunes, sólo habrá 27 tenistas por encima de ella. Hubo un día en que solo fueron 8. Llegue a donde llegue, haga lo que haga, por volver a disfrazarse de Andrea Petkovic, su mérito está ya en el techo.

  • Carlos

    Muy complicado lo que le pasó a Petkovic con las lesiones. Salía de una y se metía en otra. Todos sabemos lo difícil que es volver a coger ritmo de competición después de estar mucho tiempo parado. Ejemplos hay varios. Del Potro estuvo meses sufriendo mucho en sus partidos y Vera Zvonoreva no acaba de arrancar. La alemana ha tenido paciencia y poco a poco está recuperando su tenis y su estatus que se ganó antes de lesionarse. Si la vida te golpea sonríele. Es una frase muy fácil de pronunciar y muy difícil de llevarlo a cabo.
    No sabemos ni la mitad de lo que habrá pasado esta chica en estos algo más de dos años. Muchos momentos de subidones y bajons, claro está, más bajones. Todo esfuerzo tiene su premio y todo lo que ha pasado le hará más fuerte y valorará más las cosas.
    Algo más quiero comentar de esta chica. Siempre ha sido muy querida por sus compañer@s del circuito. No sólo ahora por las lesiones pasadas. Antes de las lesiones ya era una jugadora muy respetada y querida en el circuito. Me alegro por ella.

© TENNISTOPIC.com 2015. Todos los derechos reservados