Janowicz, bailando como Pharrell

La anarquía cohabita con el talento en perfecta armonía. Cañonazos a más de 200 kilómetros por hora combinados con precisas dejadas que dejan al oponente clavado en el fondo de pista sin saber que hacer mientras piensa porqué le habrá tocado jugar ante un tenista que no da ritmo alguno de bola. Francia es como una segunda casa para la torre de 203 centímetros que se pasea por segunda vez esta semana en la pista central del torneo de Montpellier. Allí, muestra sus credenciales para llevarse el título, el que sería el primero de su carrera.

El que escribe estas líneas acostumbra asociar personas y momentos determinados con canciones. Y cuando le viene a la cabeza el tenis de Jerzy Janowicz, lo primero que surge son dudas. Sonrisa de estrella de rock, determinación propia de un cantante mainstream de fama mundial y ese aire de ‘conmigo no va la cosa’ que recuerda a cualquier vocalista indie de los muchos que pueblan el panorama nacional e internacional. Es complicado clasificarle.

Estaba a punto de darme por vencido, pero de repente aparece en mis cascos Pharrell Williams, con su Happy. Bailando y hablando, cómo no, de la felicidad, como indica el título del tema.  El artista estadounidense nos insta a ‘aplaudir si uno se siente como en una habitación sin techo’. Pero el gigante de Lodz, como muchos otros genios, nada a contracorriente. Él no se siente dichoso al aire libre. En condiciones outdoor sufre, se muestra malhumorado, y no consigue sacar ni de lejos el 100% de su talento. El viento resta eficacia a su servicio y sus tiros planos se desajustan cuando el sol le da en la cara, obligándole a llevar unas ajustadas gafas de sol que no dejan ver el descontento que dibuja su rostro.

A Jerzy lo que realmente le hace feliz es jugar en pista cubierta. Bajo bóveda disfruta de cada servicio, de cada tiro ajustado que roza la línea y se convierte en un punto ganador. Su rival, se queda con cara de póker sin contestación posible. Con un techo sobre su cabeza, la actitud de Janowicz cambia radicalmente. Se siente cómodo sin esas gafas de sol que utiliza al aire libre y que tapan sus facciones. Sin cristales, podemos ver la fiereza de su mirada. A dos partidos de conseguir su primer título, el polaco no está para bromas -sólidas victorias ante Mannarino y Roger Vasselin- pero se permite esbozar una sonrisa. En Montpellier, el pupilo de Kim Tiilikainen se mueve grácilmente sobre la pista y parece que bailase. Como Pharrell en aquella canción.

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